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Ahora miro hacia adelante y no me rindo

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Feb 25, 2020
  • 5 min read

San Luis Potosí, México. Un hilo musical acapara la atención de los transeúntes. Al lado de las cornetas que lo deja salir, tres jóvenes esperan su tiempo para cantar Granada, de Agustín Lara.

El primero en hacerlo es Ricardo Morles, un joven venezolano que emigró a la tierra azteca desde San Cristóbal, estado Táchira, quien comienza demostrando su capacidad, como contratenor y la gente comienza a detenerse para disfrutar el momento que les regala Vita Voce, en estas presentaciones de calle que ayudan con la economía de cada uno de los músicos.

Estar hoy en México, forma parte de una decisión de vida que Ricardo tomó frente a una realidad que se tornaba día a día, más complicada.

"Veía como ya era imposible cumplir mis metas a nivel de estudio y trabajo. Todo influyó, la escasez de alimentos, transporte, energía eléctrica, la migración masiva de mis profesores, compañeros y me dije: - Aquí no tengo más futuro. No voy a crecer como quiero, no voy a avanzar y no voy a poder apoyar a mi familia. Me voy".


Mi chaqueta tricolor

Ricardo estudiaba Licenciatura en Música y era parte del Sistema de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, donde se preparaba como instructor vocal y director.

Un año antes de emigrar, dejó la universidad y comenzó a trabajar como asistente de cocina. De alguna manera, empezaba a prepararse en un oficio porque sabía lo que vendría.

Ya su madre y hermano habían emigrado buscando un mañana mejor. "Ese fue el momento más doloroso que he vivido. La violencia es uno de los catalizadores en la separación de las familias venezolanas y lo hizo con la mía".

Fueron ellos quienes le abrieron camino a Ricardo en México. "Cuando sintieron que estaban las condiciones para poder seguirlos me dijeron: cuando esté listo lo recibimos".

Así fue entonces que Ricardo no lo pensó más, Agarró sus partituras de los proyectos musicales con los que creció y viajó por Venezuela y voló a México.

Hoy, al preguntarle cuál es la imagen que le viene a la memoria cuando piensa Venezuela, es la chaqueta tricolor del Sistema Nacional de Orquestas, la que le llega casi de inmediato.

"Te juro que no tengo una aquí y nada más de pensar me digo: yo quiero una".


La música es mi pasión

Cuando Ricardo puso las partituras en la maleta, lo hizo con la convicción que sería la música la llave con la cual abriría las puertas en el país que le recibiría.

"La música es mi pasión, es el lenguaje universal que puede abrirte puertas dondequiera que vayas. Gracias a la música he evolucionado".

Y no se equivocó. Desde su llegada a México ha viajado a diferentes Estados gracias a la música. Ha participado en eventos cultuales importantes como el Festival Internacional de Mariachi Charrería, se unió a una agrupación con la cual amenizó un Congreso Internacional de Comercio, participó en el reality show México tiene Talento y participó en un montaje de la Novena Sinfonía de Beethoven en San Luis Potosí.

"La música me ha hecho viajar, acoplarme, disfrutar, vivir. La música ha hecho prácticamente todo por mi desde que llegué a México".

Recientemente, gracias al crecimiento que ha tenido, Ricardo logró ser designado director en uno de los proyectos musicales en los cuales se encuentra involucrado.


Una nueva vida

Ricardo resume el significado de emigrar en seis palabras: luchar, aprender, tolerar, adaptarse, añorar y valorar, las cuales engloban un sentido general para él "emigrar ha representado una nueva vida".

Muchas han sido las lecciones aprendidas y Ricardo las divide en las que van hacia un cambio en su actitud y otras en su aptitud.

Desde el punto de vista de la actitud, el joven músico tachirense dice que el emigrar le ha enseñado a tolerar y a pedir apoyo. "Soy una persona independiente o por lo menos intenté no depender de alguien y aquí aprendí a pedir ayuda. Aprendí a adaptarme rápidamente a las circunstancias y sobre todo, a jamás rendirme. Antes, si no podía hacer algo no seguía intentándolo, pero ahorita no miro atrás. Ahorita miro hacia adelante y no me rindo".

En cuanto a sus aptitudes, Ricardo afinó sus habilidades y gustos por la cocina, aprendió nuevos géneros musicales y descubrió su capacidad para administrar recursos.

"La cocina ya me gustaba, pero aquí reforcé ese gusto. En cuanto a la música, me adapté a nuevos géneros, a ser más flexible y finalmente administro mejor los recursos, especialmente los económicos".

Hoy, Ricardo trabaja medio tiempo en una cafetería cuya especialidad son las crepes y el resto del tiempo se lo dedica a la música, mejorando cada día sus habilidades como contratenor, recordando las enseñanzas en el Sistema de Coros y Orquestas de Venezuela.


Centrado en lo positivo

Amoldarse a México no ha sido del todo difícil, siendo el picante y los cambios climáticos, a lo que realmente le ha costado adaptarse

Recuerda que su recibimiento en el país azteca no fue del todo agradable. "El personal de inmigración al ver mi pasaporte venezolano me retiraron de la fila, me dejaron en una habitación de espera, me interrogaron, me pidieron mis papeles, no me permitieron hacer una llamada telefónica y rechazaron todos los papeles a pesar de tenerlos en regla".

Finalmente, Ricardo recuerda que le hicieron firmar un papel sin que pudiera leerlo. "Me dijeron que si no lo firmaba me iban a mantener encerrado. Este era mi primer viaje solo al exterior y lleno de pánico lo firmé y luego me enteré que ese papel lo que decía era que yo aceptaba ser deportado."

Sin embrago, ese momento desagradable no logró evitar que Ricardo se concentrara en las bellezas de México.

"De México me ha encantado su gastronomía, su arquitectura, tiene iglesias muy bonitas. Me enamoró su cultura, el culto a los muertos, la rosca de reyes. Son tantas las cosas que me gustan…".

Pero hay algo de gran importancia que México le ha proporcionado a Ricardo; libertad. "Aquí me siento libre y con la seguridad de alcanzar las metas que siempre he tenido. Siento que voy a llegar lejos".


Regresaría de visita

Cuando Ricardo habla de Venezuela hay un tono de nostalgia en su voz. Vienen a su mente los rostros de familiares, amigos, los sabores de las comidas, los colores y formas de los paisajes y todo lo que formaba parte de su vida. Hoy, relaciona esos recuerdos con sus sentidos y concluye que "Venezuela me sabe a tostaditos y jugositos pastelitos andinos hechos por mi abuela y me suena a arpa, cuatro y maracas."

Pero a pesar de la nostalgia, Ricardo está concentrado en el presente.

"Veo que muchos jóvenes al igual que yo salen, hacen una vida, crecen, mejoran; pero creo que la mayoría no regresaría. El proceso de recuperación del país va a ser muy lento y estoy afianzando raíces en este país. Si regreso va a ser de visita por mis seres queridos".

No obstante, es esa recuperación la que quizás le mueva como a muchos tantos. "Si con los conocimientos que he adquirido en este país, puedo apoyar y aportar a la recuperación del país; entonces llevaría y compartiría mis nuevas experiencias de vida, mis conocimientos, mi crecimiento y esa sería una razón por la que regresaría a Venezuela".


 
 
 

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