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Venezuela para mi siempre será el mejor país del mundo

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Jan 17, 2020
  • 6 min read


Fernando suspira cuando se le pregunta qué haría si pudiera visitar Venezuela. Una vez tomado el aliento para responder, su imaginación vuela y se siente la emoción que despierta en él dicha posibilidad.

"Planificaría antes y llamaría a todos mis amigos y a las personas que quiero volver a ver. Les mandaría plata para alquilar un salón de fiestas. Saliendo del avión le daría gracias a Dios por estar allá otra vez y seguro que lloraría. Iría a mi casa paterna que la extraño muchísimo porque allí pasé los primeros 20 años de mi vida; entraría a mi cuarto y me imagino que lloraría. Luego saldría corriendo a que mi familia a prender el bochinche, una parranda con todos y la pea que me metería sería brutal".

Quien así describe la escena es Fernando Alvarado, un maracucho quien salió rumbo a la Florida, en los Estados Unidos, junto a su esposa María Gabriela Pirela y su hijo Diego Andrés, hace tres años y cinco meses que lleva bien contados.

Fernando es Licenciado en Administración de Empresas con mención Recursos Humanos, egresado del Instituto Tecnológico de Maracaibo y posee estudios en URBE de Mercadeo, Gerencia y Liderazgo Profesional; así como un Coaching de Vida.

Dedicó sus últimos años en Venezuela a dictar conferencias a nivel nacional, contratado por empresas de venta directa y manejo de recursos humanos. Durante 16 años trabajó con Stanhome y se autodefine un apasionado de las ventas.

Por su parte, su esposa es Psicólogo y TSU en Educación Especial, área al cual se dedicó por 15 años en CAIPA -Centro de Atención Integral para Autismo-


Ya basta, nos vamos…

Fernando fue activista político del partido Un Nuevo Tiempo y participó en todos los procesos electorales moviendo a la gente, motivándola para que ejercieran su derecho al voto y cumplieran con su deber ciudadano.

Recuerda que vivió muchos momentos desagradables a causa de la violencia social, así como sufrió persecución política, asaltos, amenazas de muerte y hasta un tiroteo a las puertas de su casa para romperle los vidrios al carro de su hermano y así, amedrentarle.

"Ellos sabían que me reunía con los principales líderes de las ciudades y eso me creó muchos enemigos. El 2 de noviembre de 2015 me robaron y casi me matan en la calle. Me apuntaron a la cabeza y fue allí cuando dije: ya basta, no puedo poner en riesgo mi vida y la de mi familia."

Como país para emigrar eligió Estados Unidos porque en su opinión, es la mejor opción en América; además tenía visa y los recursos económicos con que contaba, le alcanzaban para cubrir los gatos del viaje y arranque de su nueva vida.

En dicho país, eligió Orlando como ciudad para vivir por la presencia latina y porque según sus investigaciones, en los años previos a su viaje, Orlando había sido la ciudad en EEUU con mayor índice de oportunidades de empleo.

Lo primero que Fernando puso en su maleta fueron las fotos de sus dos hijos mayores, quienes no pudieron acompañarle porque no tenían visa estadounidense, pero que igual emigraron; Estefanía, ya casada, a Argentina y Luis Fernando a Perú.

Hablar de ellos "me agua el guarapo". No dejé las fotos, explicó, porque pensaba que no iba a regresar nunca, ya que cuando emigré no se avizoraba ninguna esperanza, pero hoy en día si tengo esperanza que con la ayuda de Dios y de los aliados internacionales, podemos cambiar".


La culpa no es del país

Si algo le duele a Fernando es haber dejado su patria, sus amigos y familiares; pero sobre todo, estar separado de sus hijos.

En su opinión, Venezuela es y será siempre el mejor país del mundo y por eso se faja a argumentar sus razones para hacer esta afirmación.

"Yo discuto mucho cuando la gente dice que Venezuela no sirve, porque en realidad la culpa no es del país sino de nosotros que permitimos que la situación llegara a donde llegó y a este desgobierno".

Los errores cometidos, ahora muchos lo pagan con un exilio que además tiene la carga de la xenofobia, contra quienes en el pasado eran los turistas más apetecidos.

Afortunadamente, Fernando dice haber vivido solo un episodio de rechazo por ser venezolano y lo resolvió con una respuesta que viniendo de un maracucho vivaz, preparado y locuaz, no podía esperarse menos.

"Una vez llegué a un restaurant de comida mexicana a buscar trabajo y después que respondí sobre todo lo que sabía hacer; quien me entrevistó me dijo que todo estaba bien, pero que no me iba a contratar porque los venezolanos que habían trabajado allí eran muy flojos y exigían mucho. Le pregunté de dónde era y me dijo que hondureño; a lo que le dije: -Ah yo tampoco quería trabajar aquí porque seguramente venden droga, ya que como Honduras es uno de los países con mayores índices de narcotráfico y carteles de droga, entonces yo asumo que como tú eres hondureño, debes vender drogas, así como asumiste que por unos pocos venezolanos que conociste, éstos representan a la mayoría, cuando hasta en el New York Times un reportaje afirmó que en la actualidad la mano de obra venezolana es la más calificada a nivel de inmigrantes".


Arepas y patacones Vs nuggets y pizzas

Fernando es hábil no solo con las palabras que hilvana con rapidez sino que a esta facilidad de expresión se le une, por citar una, la facilidad para cocinar.

"Yo era cocinero empírico en Venezuela. Me gustaba cocinar para mi familia los fines de semana, pero aquí afiné mis conocimientos y ahora soy cocinero nivel 2 y he trabajado en 2 hoteles y en algunos restaurantes".

Sin embargo, la experiencia más particular en este ramo fue cuando trabajó en la cocina de un colegio de niños latinos en Orlando, donde tuvo la oportunidad de cambiar el menú y dejar por fuera las comidas congeladas.

Arepas, patacones, mandocas, tequeños, pasticho y otras delicias venezolanas, llegaron a la mesa de estos niños que supieron apreciar la sazón de Fernando, quien lamentablemente perdió su trabajo cuando la escuela prefirió recibir la comida de un 'catering' pagado por el gobierno, ya que los padres no aprobaron seguir pagando al cocinero quien, a pesar de la decisión, se fue satisfecho porque de los 90 niños que atendía, muchos le dejaron saber que "era el mejor cocinero del mundo".


He hecho de todo

Fernando no le tiene miedo al trabajo que dignifica y trabajar responsable y honradamente, le hace sentir satisfecho y dormir con la tranquilidad de quien nada tiene que esconder o temer.

"Aquí he hecho de todo. He sido housekeeping, he trabajado en construcción, he hecho mudanzas, he reparado aires acondicionados, hasta que me compré un carrito a mi alcance. No llegué con los humos de comprarme un carro del año. Busqué un carro económico que ya lo terminé de pagar y con él hago Uber, Lift y delivery a dos compañías venezolanas de ventas de pasteles, tequeños y comida árabe."

Fernando reconoce que por su versatilidad, no le ha sido difícil adaptarse, pero admite que lo que más me le ha costado es estar lejos de sus familiares con quienes nunca faltaba un fin de semana con playa, parrilla y dominó.

"Desligarme de eso es lo que me ha costado. Acá no tienes tiempo de pensar ni hacer esas cosas o pararte para ir a tomarte unas cervezas o sentarte a jugar dominó."

Pero una cosa compensa la otra. En Estados Unidos se siente seguro al caminar por las calles y ya no se asusta al escuchar el ruido de una moto o de un carro acelerando.

"Me gusta el trato que se les da a los niños. Tengo un hijo con hiperactividad y ha recibido muy buena atención y educación. Me gusta que no necesite ser millonario para tener una buena vida. Simplemente con tener un buen trabajo tú y tu pareja, lo puedes conseguir".


Chinita, este también es tu hijo

Pese a estar en un país donde goza de muchas facilidades y comodidades, Fernando siente que su vida no está completa.

El 6 de enero cumplió tres años y cinco meses sin ver a sus hijos mayores; un pedazo de su vida que le falta.

Fernando acaricia el sueño de que una de las carreritas que hará pronto será a buscar a sus hijos. "Hoy en la mañana el primer pasajero al que le hice un servicio se llama como mi hijo y he llorado mucho, pensando si acaso es una señal de Dios y pronto podré ir a recoger a Luis Fernando al aeropuerto".

Otro pedazo que le falta son las tantas cosas que dice extrañar de su tierra, aunque duda en regresar para arrancar una nueva vida allá. "Si tengo que hacerlo, estaría dispuesto a llevarle toda la experiencia y conocimientos adquiridos para ayudarla a resurgir, pero estoy próximo a cumplir 49 años y por mucho que pueda mejorar la situación, no creo que Venezuela ni los países de Suramérica llegarán al primer mundo por la mentalidad corrupta de la mayoría de sus habitantes que solo piensan en el ponme donde hay, el amiguismo y el si me como la luz te pago y dejamos eso así".

Esto no quiere decir que Fernando no desee volver y recorrer los sitios que fueron y serán parte importante de su vida como la Basílica de La Chinita, el cual es uno de los primeros lugares que viene a su mente cuando piensa en Venezuela.

"Si yo regresara aunque sea por unas horas, le llevaría de regalo a Venezuela a mi hijo menor, el que nació aquí y se lo presentaría a La Chinita y le diría: Chinita, este también es tu hijo, él también es venezolano."


 
 
 

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