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Emigrar me ha dado fortaleza y autoconocimiento

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Jan 31, 2020
  • 7 min read

Mi regreso…¿y pa' qué más pues? responde entre risas Eduardo Ernesto cuando le pregunto cuál sería el regalo que le llevaría a Venezuela si pudiera visitarla.

"Una madre siempre aprecia el retorno de un hijo y Venezuela tiene muchos hijos fuera queriendo visitarla; por eso el mejor regalo que le podemos dar es regresar de vez en cuando".

Lo significativo de esta respuesta, es que Venezuela no vio nacer a Eduardo Ernesto, pero si fue en esa tierra caribeña donde creció, hizo amigos, compartió con familiares y es por ello que se considera su hijo.

De hecho, al preguntarle de dónde es, responde sin pensar; de Barcelona estado Anzoátegui.


Nunca pensé dejar Venezuela

El retorno a su país de nacimiento, donde reside desde octubre de 2015, no fue una decisión propia según sus palabras.

Cuando apenas tenía 17 años en el 2014, se fue a vivir a Francia, gracias al Programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary International y regresó a Venezuela a los 18 años a pasar tres meses con su familia, para definitivamente emigrar a los Estados Unidos en 2015, ante la evidente posibilidad de una caída estrepitosa de la estabilidad social, política y económica de Venezuela.

Recuerdo una conversación con mi papá por Skype, acota, cuándo yo aún estaba en Francia. Él me preguntó ¿qué vas a hacer cuando regreses?, y yo le dije que no sabía. Luego me preguntó, ¿te quieres ir a vivir con tu tío a los Estados Unidos?, y mi respuesta fue la misma, no sé. Al final me dijo 'ya te compré el pasaje para que te vayas en octubre'. Mi reacción fue bastante tranquila, anti-parabólica; cómo si ya supiese todo lo que iba a pasar, pero no sabía realmente lo que me esperaba.

Haber nacido en los Estados Unidos le abría las puertas sin tener que lidiar con los múltiples trámites que cualquier emigrante debe hacer, pero afirma con seguridad, nunca le pasó por la mente irse de Venezuela, a pesar de ese gran beneficio y "cada vez que mis padres me planteaban la posibilidad de vivir en los Estados Unidos, mi respuesta siempre fue no".

Esto, según explicó, no era por algún tipo de nacionalismo sino más bien que en su cabeza de adolescente la idea de comenzar de nuevo en un país diferente le parecía aterradora. "Nunca pensé en irme porque me daba pánico salir de la zona de confort en la que estaba, y por esa razón fueron mis padres los que decidieron y menos mal que lo hicieron".


Equipaje de dudas, música y lectura

La noche anterior al viaje no logró conciliar el sueño. A su necia costumbre de hacer la maleta a última hora, se le unía la ansiedad y el miedo por lo que se le avecinaba.

"Me la pasé caminando por mi cuarto lleno de dudas. Agarré mi ropa más bonita, algunos libros, mis baquetas para tocar batería, mi colección de discos que era chiquitica y el diario que mi mamá me dio cuándo cumplí 15 años, dónde ella me relató su experiencia al estar embarazada de mí".

No dejé las baquetas, continúa, porque amo la música, amo tocar la batería y sabía que iba a pasar bastante tiempo sin poder tocarla, así que por lo menos tendría las baquetas para darle palos a mi cama. Mi colección de discos, porque me gusta verlos y escucharlos y el diario de mi mamá, porque fue un regalo que me impactó cuándo me lo dio. Es el tipo de regalo que ves en las películas, pero que nunca te imaginas que en verdad pueda pasar. Recuerdo que lo leí todo en una sentada. Era algo que me acercaba a mi familia estando tan lejos.


Una experiencia desagradable

En el informe 2019 del Observatorio Venezolano de la Violencia se revela que la tasa de homicidios en Venezuela ese año fue de 60,3 homicidios por cada cien mil habitantes, la cual sigue siendo la más alta de América Latina y el Caribe, ubicándose por delante de El Salvador, Jamaica y Honduras.

Esta realidad, que no es algo nuevo, ha convertido a las familias venezolanas en protagonistas de hechos de violencia, donde directa o indirectamente se ven involucradas en situaciones que ponen en riesgo la vida de algún pariente o amigo cercano.

En el caso de Eduardo no fue distinto. "Cuándo era apenas un niño, al salir de una fiesta de un amigo de colegio, un hombre se acercó a la camioneta que manejaba mi mamá y me apuntó (yo estando dentro del carro) pidiéndole la camioneta. Mi mamá aceleró mientras el hombre empezó a disparar. Otro carro trató de bloquearle la salida, pero ella lo esquivó y salimos de esa.

Situaciones como esta suceden a diario y exponerse a ellas, deja huellas. Eduardo recuerda también las tantas veces que debía esconder el celular antes de montarse en un autobús, porque nunca se sabía quién te estaba viendo para atracarte y robártelo.


Te veo venir…soledad

Aunque nunca ha sido de muchos amigos ni de salidas asiduas, "tenía mi grupito", el cual siempre estaba cerca y sus integrantes dispuestos a compartir un rato agradable entre música y video juegos. Es por eso que al emigrar, uno de los golpes más duros, además de estar lejos de su familia, fue ver llegar la soledad.

"El permanecer mucho tiempo solo ha sido una cuestión difícil de entender y de manejar. Es raro empezar de nuevo en un país diferente donde no conoces a nadie. Al ver tu teléfono, ves que tienes personas a quien contarles las cosas, pero si necesitas a alguien ahí al lado tuyo, tienes a nadie".

Buscándole el lado positivo a este primer golpe de la emigración, Eduardo dice que paralelamente la soledad le ha enseñado muchísimas cosas. "He aprendido a lidiar y a apreciar mi propia compañía y eso ha sido algo importante. Si quiero hacer algo, no me detengo a pensar si lo voy a hacer solo o acompañado, sólo voy y lo hago. Darme cuenta que la soledad te ayuda a auto conocerte fue importante para mí, pero como todo en la vida, cualquier cosa en exceso trae malos resultados y la soledad no es la excepción.

Afortunadamente, en su caso, logró la reunificación de su familia hace poco más de dos años, hecho que le aportó un respiro a su soledad y la llenó de ratos cotidianos que se habían quedado en Venezuela.


De la música a la cocina

Emigrar trae consigo la oportunidad para descubrir nuevos talentos y el que ha descubierto Eduardo en él, es la cocina, ya que desde hace cuatro años trabaja para la cadena de comida mexicana Chipotle y allí ha aprendido técnicas de cocina que ni imaginaba.

Otra ventaja de la emigración ha sido poder dedicar más tiempo a su pasión; la música. "He mejorado en guitarra, aprendido piano, ukulele e incluso canto". A eso le suma su pasión por escribir las letras de sus canciones y grabar su propio CD, algo que ya logró hacer; así como ingresar a la Universidad a estudiar la carrera que le gusta; Psicología.

Si bien al principio no se encontraba a gusto, hoy día hay muchísimas cosas que le gustan de Richmond, la ciudad que le recibió en los Estados Unidos y que inicialmente no supo apreciar.

"Vivir en Richmond, Virginia, al principio me parecía aburrido, pero hoy me gusta bastante. El hecho de vivir en un lugar en cierta forma estable, que me permite desarrollar lo que me gusta, tener la oportunidad de hacer mi música con cierta facilidad, viajar, conocer y tener la posibilidad de ver a grandes artistas musicales que crecí escuchando, es posible gracias a vivir en donde vivo".

En cuanto a la receptividad de la gente, dice que no sabe si era por ser latino o inmigrante, "pero recién llegado si sentí algún tipo de trato que me hacía sentir un pelo incómodo" sobre todo al buscar trabajo. Caminaba a todos lados y al aplicar, los gerentes no me contrataban por tener poco tiempo en el país, directamente asociaban que no tenía papeles y que mi inglés no era 100% fluido".


Llevo a Venezuela conmigo

Crecer en una Venezuela dónde siempre vio lo mismo y además de ello, su deterioro, hace fácil decir que fuera de ella la cosa funciona mejor, afirma.

"Irme a una edad relativamente temprana, dónde estaba empezando a ver qué es la vida, es un plus para considerar los beneficios que existen fuera de Venezuela, pero es difícil olvidar lo que fue mío por 17 años y que casi 6 años después de haberlo dejado, me sigue acompañando".

A pesar de vivir en un país que le ofrece comodidad, Eduardo dice extrañar muchas cosas del país que le vio crecer y que le sabe a empanada de carne mechada con salsa de ajo y malta frente a Playa Lido, escuchando Láser 97.7 o cualquier canción de Guaco.

"Extraño mis familiares, mis amigos, las parrillas en el patio de mi casa. Caminar hasta la panadería a golpe de 5 de la tarde para comprarme los 'golfiados' enormes que me gustaban. Ir a misa los domingos en la iglesia Sto. Domingo de Guzmán para después ir a la playa a comer empanadas. Mi cumpleaños agarrando una lancha en el Paseo Colón de Puerto La Cruz para irme a una isla con mis amigos. El pabellón de mi abuela. Las reuniones jugando FIFA con mis amigos. Pollos Arturos, que uno piensa que ese sabor lo puede conseguir en cualquier venta de pollo frito afuera, y ¡que va!. Las cocadas de la avenida Centurión en Barcelona cerca de la urbanización “La Estancia”, o las que estaban en la entrada a Puerto La Cruz viniendo de Lechería después de haber pasado el sector Venecia, dónde le echaban full leche condensada y tenía trozos de coco en el fondo del vaso. Las chichas súper espesas de “Don Ramón” en Barcelona. Pasar al frente de Playa Lido o ir a El Morro en Lechería para ver el atardecer…, son de las cosas que llevo siempre conmigo".

Eduardo no sabe si la situación de Venezuela mejorará, pero lo que si desea es regresar, al menos para visitar. "Ya son casi 5 años sin ir, y casi 6 años sin pasar Navidad, recibir el Año Nuevo y mi cumpleaños allá."

Pensar en vivir nuevamente en Venezuela "allí si la cosa cambia. Creo que va a pasar muchísimo tiempo para que yo decida volver a vivir en Venezuela". También creo que es importante considerar qué pudiese hacer para ayudar a reconstruir un país que está roto. Si en algún momento decido regresar, va a ser después que me prepare lo suficiente para poder aportar algo a la nueva sociedad que se formaría".

Por ahora, solo imagina un regreso ficticio por unas horas y se ve yendo directo a casa de su abuela en Lechería. "Me pasaría todas las horas con ella. Si es un domingo en la mañana, me la llevo a comer empanadas a playa Lido o al ferry."


En pocas palabras, ¿qué ha significado para ti emigrar?

Crecer y darme cuenta que el miedo al futuro existe y es más común de lo que parece, pero si hay que hacer las cosas con miedo, que así sea. Darme cuenta de mi propia fortaleza para afrontar situaciones que en años anteriores me hubiesen aterrado. Entender y aclarar la forma en que veo la vida y que la soledad es buena para auto conocerse y adictiva, una vez que te acostumbras a ella.


 
 
 

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