Al emigrar te das cuenta que te faltó abrazar más a tus seres queridos
- Karelia Alcalá Reyes
- Apr 16, 2019
- 5 min read
La primera vez que Marbella pensó en salir de Venezuela, fue cuando su papá sufrió un ACV hemorrágico y pasó nueve horas de angustia, buscando junto a sus hermanos, una sala de terapia intensiva disponible con los equipos y materiales necesarios para atender su caso y cuando la consiguieron, ya era demasiado tarde.
El segundo episodio, fue cuando su esposo sufrió un coma diabético y conseguir las medicinas se les hizo un vía crucis. Fue allí cuando las alarmas se encendieron y la decisión no se hizo esperar.
El primero en salir, fue justamente él para asegurarse de seguir recibiendo a tiempo, el tratamiento que necesitaba; mientras ella finiquitaba asuntos pendientes relacionados con la empresa familiar que les había dejado su padre, esperar a que su hijo culminara el noveno año y obtener los permisos para sacar del país a una de sus perritas.
Una vez arreglado todo, llegó el momento de hacer las maletas y comenzó poniendo una foto de sus sobrinos dentro de ella, "porque era como llevarme un pedacito de Venezuela conmigo".
Sin olvidar el dicho "más vale muerta que sencilla", metió su plancha para el cabello "porque me habían dicho que arreglárselo fuera de Venezuela era costoso y a una siempre le gusta estar presentable".
Hoy, esto último lo cuenta entre risas pero a decir verdad, no fue nada agradable hacer aquella maleta que como todos los que han emigrado saben; lleva en veintitantos kilos, decenas de años de vida y sueños truncados.
A pesar de las circunstancias, Marbella reconoce que en Venezuela era feliz.
"Manejaba una empresa familiar que nos dejó mi padre; ejercía como Abogada, dictaba conferencias y clases de Programación Neurolingüística -PNL- el empoderamiento femenino, hacía radio y estaba bien activa en lo que me gusta".
Fue esta actividad profesional y su desacuerdo con lo que sucedía en Venezuela, lo que la llevó a las calles a protestar y un día quedó atrapada entre un grupo de colectivos que le partieron los vidrios de su carro.
En otra ocasión, durante una protesta, la golpearon por tomar fotografías "me lanzaron al piso, me dieron patadas y me quitaron la cámara".
Cansada de la situación y de las llamadas de amenazas y extorsión que vivió junto a sus hermanos, decidió emigrar y el país seleccionado fue Chile, porque ya su hermana había partido hacia allá y podían apoyarse.
Ella y su esposo acordaron que Colombia seria el país de tránsito y allí se establecieron; sin embargo, sus planes parecían no ajustarse a los que tenía el destino. Un buen día al regresar del trabajo, se encontraron con su apartamento robado. Los delincuentes cargaron con el dinero que tenían ahorrado para partir a Chile y muchos de sus enseres personales.
Irónicamente, de lo que tanto se habían cuidado en Venezuela, les había ocurrido en Colombia.
Este duro golpe los llevó a replantearse las metas y buscando el lado positivo, Marbella concluyó que al menos desde Colombia, está más cerca de Venezuela. Además, su esposo tiene trabajo, su hijo se ha adaptado muy bien al país, tiene acceso a educación y a practicar su pasión; el futbol.
En cuanto a ella, dice que en esta etapa ha descubierto nuevos talentos en el área de la comunicación. A su experiencia en radio, ahora le suma su trabajo en un diario local.
"Vendo publicidad para el periódico y colaboro redactando contenido para éste. Los sábados doy clases en un instituto universitario, ya que soy Abogada y Docente de Educación Especial. Es como hacer un reencuadre de lo que venía haciendo."
Sin embargo, no ha sido fácil para ella abrirse camino. En su caso, un obstáculo adicional a sortear como inmigrante, es la imagen de la mujer venezolana en la zona donde vive y de la cual, ella misma se tomó el trabajo de buscar estadísticas.
"Vivo en un municipio de 20 mil habitantes, de los cuales 3 mil son venezolanos y de éstos últimos, 800 son prostitutas".
Es duro, comenta Marbella, que al llegar a un sitio te digan que no te pueden comprar publicidad para el periódico por ser venezolana o cuando te tildan de 'veneca' y te mandan a buscar trabajo en la avenida principal, zona donde se encuentran la mayoría de los 'estancos' (bares) en cuyas puertas siempre están venezolanas ofreciendo sus 'servicios'.
Me ha tocado demostrar, desde el otro lado de la moneda, lo que somos capaces de hacer como profesionales, mis estudios de PNL me han ayudado mucho a tener la actitud positiva para mantener el ánimo inclusive en su esposo e hijo.
Marbella está concentrada en buscar el lado positivo de su experiencia como inmigrante y en este sentido, está convencida de que emigrar los ha unido más como núcleo familiar.
"Emigrar ha sido fuerte, es aprender y empatizar con personas con una cultura diferente, dejar todo atrás y nacer nuevamente. Cuando viajas vas y disfrutas; cuando emigras tienes que trabajar, demostrar lo que sabes y ganarte la confianza".
Atrás quedaron los días en casa con los amigos de toda la vida, ir al cine, a la piscina, disfrutar de las comodidades alcanzadas a punta de trabajo en Venezuela. La realidad de su familia es adaptarse a un pueblo donde no hay cine, ni centros comerciales y sin embargo, Marbella está orgullosa de la manera como su hijo de 15 años se ha adaptado sin quejarse.
"En Venezuela mi hijo hacía radio, cine, televisión y se ha adaptado a una vida sencilla en una casa con dos colchones, una cocina de dos hornillas y una nevera prestada; ni siquiera un televisor tenemos ahora".
Adaptarse a esta realidad, ha sido fácil cuando se compara con lo duro que ha sido adaptarse a estar lejos de la familia; "vengo de una familia numerosa que se reunía todos los domingos a compartir. Extraño a mis sobrinos, las conversaciones con mi mamá sobre cualquier tema mientras nos tomábamos un te; extraño la comida, mi casa, el calor de hogar. Extraño ir a Caripe cada quince días y a Puerto La Cruz, a tomar fotos a la playa".
Al lado de las añoranzas aparecen también los rasgos atractivos del nuevo espacio en el que le toca vivir. "Este es un país muy parecido al nuestro en cuanto a lo informal del trabajo, la cultura, la comida, la música y la educación. Me recuerda a la Venezuela que algún día tuvimos".
Volver a Venezuela no está en sus planes a corto plazo. Es de quienes piensa que la reconstrucción se tomará tiempo y ella está decidida a apoyar a su hijo a enfocarse en lo que quiere.
"Claro que me gustaría regresar, pero antes estudiaría los aspectos que le beneficiarían a mi hijo, quien ya tiene su grupo de amigos, ha tenido grandes avances en el fútbol, ha jugado torneos, ya ha sido visto por selecciones nacionales y más que pensar en regresar, yo lo que pienso es en ayudar a mi hijo a salir adelante".
Mientras tanto, Marbella recuerda el sabor que tiene Venezuela para ella, que como buena monaguense lo resume en cachapa, queso, cochino, carato de mango, carne asada, casabe y guasacaca.
Si por un momento le dieran la oportunidad de ir a Venezuela, lo primero que haría al llegar sería visitar la tumba de su padre y luego abrazar a su abuela y a su madre.
Llevaría muchos abrazos "porque cuando estás fuera del país, te das cuenta que te han faltado dar abrazos; que la vida es muy corta y te hace falta abrazar más a tus seres queridos; te hace falta decir más te quiero".
A Venezuela, Marbella le llevaría de regalo todo lo grande que pudo llegar a ser en otro país porque ella se lo permitió, "ya que fue en Venezuela donde aprendí a ser echada pa'lante. Venezuela merece todo porque es nuestra madre y ella merece que luchemos desde cualquier sitio donde estemos por ella y por eso le llevaría mi corazón, mi trabajo y mis días".




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