Amo a esta madre adoptiva llamada Venezuela
- Karelia Alcalá Reyes
- Apr 28, 2018
- 4 min read
Updated: Apr 30, 2018

Corría el año 1952. Latinoamérica vivía bajo la sombra de dictaduras. Manuel Arturo Odría en Perú, Gustavo Rojas Pinilla en Colombia, Leonidas Trujillo en Dominicana, Fulgencio Batista en Cuba y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.
Buscar nuevas opciones ya empezaba a ser parte de la vida de algunos ciudadanos. Cuatro niños peruanos suben en su país natal al barco Americo Vespucci acompañados por su madre. El destino final, Venezuela; la meta, reunirse con su padre a quien hacía un año que no veían.
La emoción era muy grande. Abrazar y jugar nuevamente con el padre ausente, llenaba las expectativas de los niños y calmaba las tensiones en la madre, quien seguía rigurosamente la etiqueta que la época imponía a los viajeros.
Luz, la mayor de los niños tenía apenas nueve años y hoy recuerda como si fuese ayer, la llegada junto a su madre y sus hermanos a La Guaira, para partir en avión hacia Barcelona donde les esperaba su padre, quien había emigrado de Perú natal por ser perseguido al oponerse al gobierno de Odría.
Gracias a que se trataba de un hombre honesto, responsable y trabajador, fue recomendado por su jefe en Perú, para trabajar en la Compañía Vencemos-Pertigalete y aprovechando la orden de Marcos Pérez Jiménez, de que los inmigrantes casados podían llevar a su familia a Venezuela, logró reunir nuevamente a la suya.
A partir de ese momento, Venezuela se hizo el país de una familia que la acogió como su nueva tierra; al punto que el padre se nacionalizó y automáticamente sus hijos menores quedaron nacionalizados; pero al cumplir los 18 años de edad y tener que decidir con cual nacionalidad se quedaban, los cuatro jóvenes optaron por la venezolana.
Hoy, lejos de Venezuela en su segundo exilio, Luz recuerda con cariño la niñez feliz y los hermosos momentos vividos en el país caribeño.
"Mis hermanos tuvieron la oportunidad de ir a la universidad y yo, de estudiar inglés fuera del país. A mi regreso, aunque mi mamá quería que yo siguiera mis estudios, se atravesó Cupido y decidí formar mi propia familia."
El amor por su nuevo país aumentó al unirse a un venezolano que como ella define "fue un hombre maravilloso". Junto a él procreó 6 hijos. 5 varones y una hembra. Hoy, su esposo ya no está porque como ella lo aclara, se le adelantó en el encuentro con Dios.
"Eché raíces en ésta tierra de gracia. En los años 70, obligaron a las mujeres a inscribirse en el Servicio Militar y yo fui a enlistarme. Cuando me preguntaron en qué fuerza quería servir, elegí la Aviación. Cuando me preguntaron cuántos hijos tiene, le dije muy orgullosa 5 hombres y una mujer y me respondieron "ya usted sirvió al país" y le respondí: -así es, con mucho orgullo. Amo a esta madre adoptiva llamada Venezuela, que nos abrió sus brazos, su corazón a través de su gente; sin olvidar donde nací, el Perú, donde están mis ancestros a quienes amo".
Fue Venezuela el país donde creció, se casó con el amor de su vida con quien vivió 53 años y junto a quien formó su familia. Vio crecer a sus hijos, quienes todos egresaron como profesionales. "Gracias a la UDO mis seis hijos son Profesionales, siempre la bendigo por ello".
Hoy sus seis hijos se encuentran dispersos en cinco países y como ella lo afirma: "creo que mis hijos y yo estamos honrando a mis padres".
Dos de sus hijos salieron hace muchos años a realizar estudios de Maestría y PHD, con becas obtenidas a través de la UDO al egresar de ella con mención Cum Laude, pero los recortes presupuestarios les afectaron y ellos decidieron culminar por cuenta propia lo iniciado. Los últimos hijos de Doña Luz, decidieron abandonar Venezuela porque ya era insostenible la situación en un país que se cae a pedazos.
Y así como sus hijos salieron de Venezuela, un día le tocó a ella reeditar su emigración de 1952. Esta vez, la propuesta era salir de vacaciones a visitar a sus hijos. Lo que ella no se imaginaba era que el viaje no tenía retorno, al menos por el momento.
"Salí engañada. No quería ver la realidad, pensaba que de un momento a otro la situación cambiaría, pero mis hijos a quienes adoro y para quienes le pido a Dios bendiciones, vieron mejor el panorama y me sacaron sin que sufriera. Salí de vacaciones indefinidas hasta cuando Dios quiera."
Hoy, Luz Chávez de Rivas tiene una nueva forma de vida. Va de hijo en hijo disfrutando a sus nietos regados por el mundo. La vida le cambió de un golpetazo. Ahora se siente "como hija de mis hijos" y dice ser una abuela cibernética que disfruta los logros de sus nietos por las redes sociales y se siente orgullosa de ellos.
No sabe cuándo regresará a Venezuela. Ese momento se lo dejó encargado a Dios, cuya palabra contribuye a compartir cada día. Mientras llega ese día, sus recuerdos siempre la llevan a decir lo agradecida que está de Venezuela por abrirle las puertas a su familia. Gracias por su gente generosa, familiar, alegre y dicharachera a la que se acostumbró sin problema.
"Extraño a mis familiares, amigos, la Parroquia Guadalupe, mis hermanos y vecinos. Extraño mi casa, mis fotos, las comidas, las playas, el clima; en fin, lo extraño todo y siempre están en mi memoria, pero sobretodo en mi corazón, que es como una hoja de cuaderno cuadriculado donde hay espacio para todos".



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