Arbitrando su propio campeonato
- Karelia Alcalá Reyes
- Apr 1, 2018
- 3 min read
Los implementos de arbitraje y una corneta, fueron los primeros objetos que entraron en su maleta cuando decidió emigrar. Aun cuando salía con una oferta de trabajo como Ingeniero; no estaba de más cargar con las herramientas de un trabajo universal que sabe hacer bien y le apasiona; ya que además de Ingeniero Civil es arbitro FIBA desde 1994, certificado a nivel internacional egresado en Buenos Aires, Argentina.
Salió de Venezuela hace un par de años. Atrás quedaba su etapa de Gerente de Proyectos y socio en una empresa de Ingeniería, dedicada al diseño para la industria petrolera. Al principio, ir y venir resultaba posible, pero ya esto quedó atrás e instalado en su nueva vida como inmigrante, mira con una mezcla de rabia y tristeza la situación de Venezuela.
La idea de regresar, honestamente ya no lo visita como al principio. La dura realidad de un país que se derrumba y no ofrece a sus ciudadanos opciones para una vida de calidad, ha alejado de Pedro Santacruz, cualquier pensamiento de retorno; al menos por el momento. Sin embargo, mejor dejar que el tiempo haga su trabajo y Dios se encargue de acomodar las piezas del rompecabezas en que se ha convertido la vida de un país fracturado y la de sus ciudadanos regados por el mundo.
Y ¿por qué llevarse una corneta? Porque además de permitirle un sonido de calidad, es su mejor aliada cuando quiere establecer una conexión especial con sus vivencias, familia, amigos y lugares. "Cada contexto tiene música implícita", dice y Pedro sabía que lejos, nada mejor que los sonidos de su tierra para conectarse con sus afectos.
Esta, es su aliada en los viajes imaginarios a su Puerto La Cruz natal, donde aprendió que Venezuela sabe a playa. Hoy, cuando se le pregunta qué extraña de su tierra; su grito queda atrapado en letras mayúsculas…MI GENTE.
Si por arte de magia pudiera ir unas horas a Venezuela, lo que haría al llegar sería buscar a su familia; con la que vivió momentos de alegría pero también de tristeza; como cuando al ser víctimas de la delincuencia y la violencia, uno de sus tíos fue secuestrado y luego de tres meses de incertidumbre, apareció asesinado.
Esto, unido a la perdida de otros amigos y conocidos en manos del hampa; así como el decrecimiento en los proyectos laborales, fueron abonando el terreno para una emigración que le garantizara una vida con menos inestabilidad.
Más allá de los inconvenientes que el ser inmigrante pueden ocasionar; Pedro se enfoca en lo positivo para avanzar. Emigrar, para él, le ha permitido un encuentro consigo, con sus capacidades personales y profesionales; a la vez que le ha nutrido de invaluables experiencias que le han permitido evolucionar.
De hecho, entre risas reconoce que gracias a esta etapa como inmigrante, ha descubierto que cocina mejor de lo que imaginaba.
Reconoce que a diferencia de lo que algunos compatriotas alegan en torno a la discriminación en Panamá; él no ha sufrido rechazo, pero si ha percibido en ocasiones, miradas "examinadoras" y gestos que rayan en lo descortés.
Afortunadamente, una vivencia lo revitaliza en cuanto a este tema, ya que recién llegado a Panamá; le oyó decir a un panameño "¿Por qué no vienen más venezolanos como usted y que se queden en Panamá?, luego entendí el significado…" La tolerancia es un camino de doble vía, dividido por una línea muy delgada trazada por el respeto.
Este respeto por el país que le recibió y su convicción de que la mejor carta de presentación es su trabajo profesional, honesto y responsable, es lo que afortunadamente le ha permitido abrirse camino en un mercado cada vez más competitivo.
Hoy, representa a una empresa originaria de Venezuela, posicionando en el mercado panameño un novedoso sistema de comunicaciones con tecnología de punta y esto lo combina satisfactoriamente con el arbitraje de baloncesto.
Poco a poco se ha ganado un espacio en su área como profesional, pero reconoce que en medio del actuar diario, hay algo que no puede dejar de hacer y se le ha convertido en lo más difícil de sobrellevar en esta etapa como inmigrante y es pensar en su gente, en la que está en Venezuela. En la que no disfruta lo que él disfruta, aunque tampoco padece lo que él padece pero Pedro, al igual que muchos, piensa solo en las cosas buenas que podría compartir con los suyos. Es precisamente esa realidad, la que lo impulsa a mejorar para poder apoyarles en la distancia.
Por ahora, su plan de juego ya está trazado y él está dispuesto a jugar todo el partido. Aún no sabe cuándo será el pitazo final, pero cuando lo de, está seguro que será para sellar el haber ganado su propio campeonato.




Hola Karelia, deseo estés muy bien y bendecida junto a los tuyos, hermoso reportaje, felicitaciones!. A ti hermano Pedro Santacruz, sigue adelante, somos del tamaño del compromiso que se nos presente, estamos bien hechos en VENEZUELA!, TE AMO UN MUNDO!.