Armando una nueva vida con la felicidad como meta
- Karelia Alcalá Reyes
- Mar 24, 2018
- 3 min read
En diciembre de 2015, Reina Taylhardat y su esposo, quienes ya habían salido de Venezuela hacía unos meses, regresaron para participar en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional.
El triunfo de la oposición en esa ocasión, hicieron que ella, al igual que muchos venezolanos, pensara que el fin de la revolución chavista estaba cerca e incluso acarició la posibilidad de regresar; pero afortunadamente hizo caso a la vocecita de la conciencia que le sugirió esperar a ver cómo se desenvolverían las cosas con el nuevo escenario político.
Lo que pasó ya todos los sabemos y Reina, quien junto a su esposo ya estaba en trámites para la residencia en Panamá, decidió quedarse en el país que es ahora el punto de apoyo para el reinicio de una nueva etapa de su vida.
Reina nació en Maracaibo, La Tierra del Sol Amada y de su Virgen Chinita; pero los últimos 16 años en Venezuela los vivió en Lechería; por lo que orgullosamente se autodefine como "maralecheirense".
En esa ciudad se desempeñó como Profesora y Coordinadora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María núcleo Anzoátegui, luego de haber ejercido el periodismo por 20 años. Su dedicación a la vida académica, llenaba sus días en una zona de especial atractivo turístico.
Sin embargo, todo empezó a cambiar. "Cuando mi esposo y yo vimos que cada día era más complicado conseguir alimentos y medicinas; que utilizábamos el fin de semana no para descansar, sino para abastecernos de los insumos básicos. Cuando ya salíamos a la calle con temor a que nos asaltaran, dormíamos con zozobra y se nos hacía menos frecuente visitar a la familia y los amigos por miedo a un atraco; comenzamos a pensar en la posibilidad de emigrar".
De hecho, Reina fue asaltada en dos oportunidades, "a punta de pistola" y aunque le respetaron la vida, el trauma emocional la perseguía. Sus hijos, quienes ya habían emigrado, le insistían que debían salir de Venezuela, pero tanto ella como su esposo se resistían a la idea; hasta que después de las protestas de 2014 y llegada la jubilación de su esposo, "con mucho dolor y tristeza renuncié a mi trabajo".
Aun cuando muchos venezolanos se quejan del trato en Panamá, Reina dice no haber sentido rechazo ni discriminación alguna y para ella todo tiene que ver con la forma cómo tratas a la gente. "Tener una actitud cordial, amable, cortés y, sobre todo, de tolerancia, te abre muchas puertas. Hay que recordar que no estamos en nuestro país de origen y por eso, hay que respetar las costumbres y modos de ser de los locales". En opinión de Reina, mientras más rápido se inserte el inmigrante en la dinámica del nuevo país, más fácil resulta la adaptación. "Emigrar es armar una nueva vida. Recomponer lo que tenías en tu país de origen con las cosas (sentimientos, personas, experiencias) que dejaste y reconstruirlo con gente, situaciones y elementos nuevos, tratando de adaptarte".
Hoy, Reina agradece a Dios estar en un país donde puede vivir feliz y tranquila junto a su esposo, con bienestar y calidad de vida, porque "a estas alturas de la vida, lo que uno aspira es a tener una vejez digna; para eso trabajamos tantos años."
Para armar este rompecabezas que es la nueva vida del inmigrante; en su caso le tocó reinventarse como Periodista y Docente, ya que en Panamá existen algunas restricciones en ciertas profesiones. Es por eso que ahora ella avanza en su desarrollo profesional, en áreas que había explorado poco como el periodismo digital.
"Decidí abrir un blog para escribir sobre temas que considero importantes desde mi punto de vista" https://reinataylhardat.wordpress.com/tag/imagen/

Ahora, escribe para páginas dedicadas a inmigrantes y abrió una página de Facebook y da pasos en la apertura de una empresa en Mercadeo para manejar su propia marca en redes sociales.
Pero el emprendimiento no queda allí, Reina también estudia un nuevo idioma; el francés, tarea que tenía pendiente desde hacía algún tiempo y que ahora en esta nueva etapa de su vida, ha logrado iniciar.
Cuando el huracán revolucionario pase y las condiciones estén dadas, afirma con un rotundo "claro que sí", ayudaría a reconstruir a Venezuela. Mientras ese momento llega, Reina sigue echando de menos a familiares y amigos que continúan en Venezuela. Poder compartir con ellos, celebrar momentos importantes de alegría y también de tristeza. "Las pocas veces que he regresado a mi país, lo primero que hago es llamar a mi gente y mis amigos para, de ser posible, verlos y charlar largo rato".
De esta manera, carga las pilas para regresar a su nuevo hogar. Dice que no cambia por nada el Mar Caribe, ese que siempre llega a su memoria cuando piensa en su tierra; esa que le sabe a mar, a pescado, sancocho, buen chocolate, tequeños y los infaltables pastelitos maracuchos.



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