Con menos miedo para asumir nuevos riesgos
- Karelia Alcalá Reyes
- Jul 21, 2018
- 5 min read

En el año 2007, Petrolera Ameriven una de las cuatro Asociaciones Estratégicas de la Faja del Orinoco, fue intervenida por el gobierno de Hugo Chávez. Para ese momento, Marlene Cisneros era la Coordinadora de Asuntos Públicos y cuando la PDVSA "roja rojita", le realizó una oferta de trabajo para que permaneciera en la empresa, su olfato periodístico y su sentido de integridad, le dijeron que era mejor rechazar la propuesta.
"Siendo periodista, y teniendo como responsabilidad la comunicación de la empresa, no me cuadraba con mis valores y la ética profesional, ejercer mi carrera para “lavarle” la cara al régimen".
Esta caraqueña, adoptada por oriente, quedó sentada frente a una realidad en cuyo horizonte no se divisaba una salida favorable para su porvenir personal y profesional, aún cuando ejercía la docencia universitaria en la Universidad Santa María y se sentía a gusto transmitiendo sus conocimientos.
Sus padres y hermanos ya habían emigrado; entonces, ¿para qué esperar más? Asaltada en tres ocasiones a punta de pistola; sin contar los robos a su residencia, Marlene se encontró ante una encrucijada con el corazón lleno de sentimientos encontrados y en la mente, mil interrogantes, pero finalmente una sola respuesta; salir de Venezuela rumbo a Panamá.
En la maleta, además de su ropa; la Biblia regalo de sus padres, algunos libros, el Ipod con su música favorita y la Bandera de Venezuela, porque siempre que viaja la lleva consigo.
Al principio de esta nueva etapa, el cambio la sacudió hasta abrirle los ojos y hacerle entender cosas y situaciones que eran parte su cotidianidad, pero que habían quedado en el pasado.
Aceptar el hecho de estar en un sitio donde no eres conocida; bajarle la velocidad al ritmo de vida que llevaba en Venezuela e incluso entender y aceptar que aunque panameños y venezolanos somos latinos, no somos iguales, fue parte de este proceso de adaptación.
Marlene cuenta que a su llegada a Panamá se sintió realmente bienvenida, aceptada e incluso adoptada. Lamentablemente al pasar de los años y con el incremento de la migración venezolana, ha vivido un par de episodios desagradables, pero "que no representan para nada el sentir de la mayoría de la gente aquí."
En medio de tantas preguntas sobre qué haría en la nueva etapa de su vida, lo que si tenía claro era que su permanencia en Panamá sería temporal y que usaría el país como trampolín para irse a otro lugar. Sin embargo, Dios le tenía otros planes y como ella misma lo dice, "tengo diez años brincando en este trampolín".
"Cuando salí de Venezuela siempre tuve claro que si tenía que quedarme en algún sitio, lo haría de manera legal. Así que al llegar a Panamá, la única opción que se presentó fue montar un negocio. Con la ayuda de mis padres y un tío, montamos un café".
Precisamente allí comenzó a definirse el plan diseñado para Marlene. "Todas las mañanas venía una señora del gimnasio a tomarse un jugo natural y se sentaba a comentar con nosotros las noticias sobre Venezuela…Un día me mostró fotos de su familia y me preguntó si yo era casada o estaba comprometida".
Marlene, quien aclara que para el momento "estaba más sola que la una", escuchó atenta a la señora quien le preguntó si podía darle su número telefónico a su hijo para que la ayudara a integrarse a la sociedad panameña.
A ella le pareció buena idea, pero pasaban los días y nada de la llamada hasta que tres semanas después, recibió una llamada de un hombre con acento "gringo" ¡¡¡Era el hijo de la señora!!!
"Acordamos salir un par de día después. Cenamos y conversamos mucho. Yo seguí saliendo con mucha más frecuencia con el hijo de la señora y nos hicimos novios". Una oferta de trabajo para Marlene en Chile, casi enfría el noviazgo, pero Henry quien estaba de viaje en los Estados Unidos, al enterarse vía telefónica de la oferta laboral de la CEPAL para su novia, no lo pensó dos veces y le propuso matrimonio a kilómetros de distancia y de esta manera el plan divino siguió su curso. Hoy, felizmente casados, tienen dos hermosas hijas que son la alegría de ambos.
Emigrar para Marlene Cisneros, ha sido un constante desaprender, reaprender y levantarse siempre a pesar de los obstáculos, con fortaleza, pero con mucha humildad. Vivir lejos de la tierra que la vio nacer y desenvolverse como profesional, ha hecho que se reinvente muchas veces potenciando, como ella misma dice, el gusanillo del emprendimiento.
"Tengo menos miedo a asumir nuevos riesgos. He visto nuevas facetas de la Comunicación que posiblemente en Venezuela no habría explorado pues, estaba en mi zona de confort."
Hoy día, Marlene Cisneros es Consultora de Comunicación, Imagen y Marca Personal, áreas en las cuales ayuda a empoderar a mujeres emprendedoras y/o profesionales, aportándoles herramientas que les permitan promoverse a sí mismas dentro de sus organizaciones o como empresarias independientes.
En Panamá, Marlene se siente a gusto y satisfecha con el nivel de vida que las condiciones del país le permiten. En este país que le abrió sus puertas ha vivido momentos emotivos y gratificantes en lo personal y profesional, como cuando tuvo la oportunidad de entrar en las fosas -aún secas- de lo que sería el Canal de Panamá ampliado en las exclusas de Cocolí en el Pacífico.
El deseo de regresar ha cambiado su matiz porque ya no cree que podría vivir en Venezuela, pero el país está metido en cada fibra de su ser y si tuviera la oportunidad de visitarlo aunque sea por unas horas, reuniría a sus tíos y primos para abrazarlos muy fuerte; así como a sus amigas.
Ese día llegaría hasta Mochima a saludar a los delfines; no sin antes volver a sentir el sabor de Venezuela que para ella sabe a cachapa con queso guayanés y empanada de cazón.
Y es que tal como lo aclara Marlene, ella extraña TODO; así, con letras mayúsculas, de Venezuela. "Extraño a mi gente, a mi familia que se quedó, reunirme con mis mejores amigas a habla. Extraño el olor del Mar Caribe, Mochima, las calles de Barcelona, Lechería y Puerto La Cruz. Extraño los grillos de mi Caracas natal, extraño su bullicio, su clima, extraño caminar por Sabana Grande o ir al CCCT simplemente a pasear. Extraño…TODO…"
Aunque no para vivir, Marlene sabe que algún día regresará porque desea mostrar a sus hijas el país donde nació su madre y donde están parte de sus raíces; así como enseñarle a su esposo el por qué de la pasión que ella siente por su tierra.
Ese día, en la maleta del retorno seguro irá la Biblia, algún libro para el camino y el Ipod quizá con una tonada de Simón Díaz; pero esta vez, Marlene llevará de regalo a su amada Venezuela; paz, fé, alegría, amor, armonía, perdón y por supuesto ¡Libertad!



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