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Emigrar es una lección de vida

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Oct 22, 2018
  • 4 min read

¡Mamá, siento que estoy perdiendo los mejores años de mi vida! ¿Por qué no intentamos vivir en otra parte? Estas fueron las palabras que movieron el piso de Mayeline Collin.

Se las dijo su hijo adolescente y a ella no le quedó más remedio que analizarlas con detenimiento, para tomar una decisión que hacía tiempo estaba demorando porque, al igual que muchos, guardaba la esperanza de un cambio, una luz al final del túnel que le iluminara el camino en la Venezuela que no deseaba dejar.

La verdad es que Mayeline hacía rato estaba cansada de verle la cara al hambre y a la muerte. Las veía a diario en los hospitales venezolanos donde trabajaba como Médico. Al principio, las veía en los rostros de sus pacientes; luego en los de algunos amigos y familiares hasta que el hambre y la muerte comenzaron a castigar a sus propios colegas.

"Cuando no hay posibilidad de brindar respuestas porque ni lo básico lo puedes cubrir, es muy duro", dice esta Médico de Familia y Médico Ocupacional nacida en Maracay, la Ciudad Jardín de Venezuela, quien pudo salir del país junto a su madre y su hijo.

Si tomar la decisión de salir fue difícil, reducir su vida a unos 23 kilos de equipaje fue aún más. Debía ser precisa al decidir lo que llevaría y allí empezó la inevitable clase sobre desapego, de la que no puedes escapar cuando eres emigrante.

"Lo primero que metí en la maleta fue mi bata médica. En el bolsillo derecho coloqué un mini nuevo testamento porque la biblia era muy grande y en el izquierdo, coloqué 5 tarjetitas de memoria de 8 y 16 gigas, en las que tengo toda mi vida en fotos".

Para Mayeline, salir de Venezuela sin la palabra de Dios era imposible porque como ella misma lo expresó: La fe sin obras es muerta y quien nos sostiene en medio de los desafíos es Dios. Su palabra es mi alimento diario, es la espada de doble filo que me impulsa a guerrear.

Y guerrear era lo que había hecho en su país donde llegó a dirigir ambulatorios en el distrito sanitario 1B del estado Anzoátegui, donde la cotidianidad hasta la fecha de su partida, eran reportes diarios de robos entre el personal.

Ella misma había sido víctima de la delincuencia cuando en el 2009, estrenándose su camioneta Terios, debió entregarla a unos ladrones que sencillamente la hicieron bajar del auto para llevarse y nunca más ver el fruto de su trabajo y largas guardias en clínicas y hospitales. Todo esto, sin contar el secuestro de su hermano y el atraco a mano armada de su esposo.

Si de todas estas batallas siempre estuvo tomada de la mano de Dios, era imposible que en esta nueva contienda, dejara a un lado la palabra de su mejor aliado.

Seleccionar el país al cual dirigirse, lo hizo estudiando sus estadísticas, proyecciones y alcances a corto, mediano y largo plazo. Tenía como referencia las experiencias de familiares y colegas que ya habían emigrado y se dedicó a hacer una comparación de las experiencias que narraban. Fue así como llegó a la conclusión de que sus opciones eran Perú, Chile, Argentina y probablemente Italia.

Finalmente, el viaje fue a Lima donde para sostenerse le tocó vender alfajores en un stand de una empresa durante tres meses. Mayeline jamás pensó que tenía talento para vender y lo hizo de tal manera, que se ganó el aprecio de muchos compradores. "Muchos de mis clientes me decían usted es diferente, es educada y una cliente me sorprendió un día con un ramo de flores. Dios ha puesto delante de mí a personas nobles, de luz y no he tenido experiencia de xenofobia".

Fue durante un reportaje que hacía Tv Perú sobre la crisis humanitaria venezolana, que la Doctora Mayeline Collin salió a la luz pública. Al ser entrevistada, el reportero quedó asombrado al saber que ella era médico y estaba en Perú vendiendo alfajores. Era ella, uno de los tantos ejemplos de profesionales que han tenido que salir de su país, desesperados buscando un mañana mejor.

"Esa entrevista me abrió muchas puertas y bendigo día a día esa venta de alfajores".

Cuando llegó a Lima la temperatura era de 12 grados y ese fue el primer reto a vencer porque después de haber vivido sus últimos 10 años frente al mar en Lechería, con una temperatura de 30 grados, ahora, hasta cepillarse los dientes era un desafío si tomamos en cuenta que el calentador de agua brillaba por su ausencia.

"Ni dos cobijas eran suficientes. Me daban ganas de llorar y me decía esto va a pasar".

Hoy, ya más adaptada, Mayeline no se cansa de agradecer a la tierra que la recibió. Está encantada con la hospitalidad y la gastronomía de Perú. "Doy gracias a Dios por la diversidad de alimentos, sabores, frescura y por la oportunidad de tener calidad de vida".

Sin embargo, no deja de pensar en su tierra. "Extraño TODO de Venezuela. Recorrí todos los estados de mi país por distintas razones y en diferentes circunstancias y extraño nuestros sabores, olores, nuestra gente, la tengo en mi alma tatuada y no dudaría si hubiera la oportunidad de reconstruirle el rosto, de ir hasta allá, de rodilla dar gracias a Dios y decirle a mi tierra aquí estoy para regalarme toda yo con esta experiencia de haber emigrado".

Esto, Mayeline lo afirma con la certeza de saber que emigrar es un modelaje del ser en todos los aspectos, es una lección de vida, un trascender y sabernos seres del mundo con humildad, amor y respeto. Es dar lo mejor de cada uno de nosotros. En pocas palabras, emigrar es una experiencia que te cambia, te marca; es definitivamente, un hito.

Hace poco más de un mes, la bata que guarda en sus bolsillos la vida de Mayeline en Venezuela, fue sacada de la maleta porque requería ser planchada. "No necesité echarle agua para rosearla, lo hice con mis lagrimas". Finamente Mayerlin, lograba ser juramentada en el Colegio Médico en Lima-Perú y podía comenzar a trabajar en su profesión.

Fue como graduarme otra vez, Un gozo indescriptible, dice mientras recuerda el momento con emoción.

Mientras esto pasa, a la Doctora Collin se le viene a la memoria la imagen de lucha, perseverancia y tenacidad de los hermanos venezolanos que luchan por no dejar morir al país.

"Veo a mi tierra de gracia bendita por Dios", esa que a ella le sabe a pescado frito en la playa, a amaneceres con café, a chocolate con los amigos. Esa que Mayeline dice sabe rico, a caraotica, a tajadas, arepas porque Venezuela, para ella, sabe divino".

 
 
 

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