Emigrar es vivir al límite
- Karelia Alcalá Reyes
- Dec 14, 2019
- 4 min read

Un portarretrato con la foto de su familia fue lo primero que Ana Daniela Torres, puso en su maleta cuando se dispuso dejar Venezuela en 2014.
La razón para no dejar este detalle tiene una poderosa fuerza emocional… "cada vez que veo la foto me dan más ganas de seguir adelante".
Ana Daniela perdió a su padre cuando apenas cumplía 14 años y alguien le dijo que, al ser la hija mayor, sería el soporte de la familia y fue así como "desde ese día me puse los pantalones para seguir adelante y buscar un mejor futuro para mi mamá y mi hermano".
Ana Daniela es de Lechería, estado Anzoátegui y emigró sola a Panamá, apenas terminando el bachillerato luego de no haber sido seleccionada en la universidad donde quería estudiar Comunicación Social.
Hoy, agradece a Dios que todo haya pasado así porque esto le abrió la oportunidad de emprender un camino que jamás pensó recorrer.
Si no produces…te regresas
Elegir Panamá como país destino para emigrar fue, hasta cierto punto, sencillo. Una prima de Ana Daniela ya vivía en ese país y la convenció de irse allá.
"Cuando llegué a Panamá, solo tenía 100 dólares en el bolsillo que me los regalaron los padres de mi mejor amiga, ya que tuve muchos inconvenientes para obtener el cupo Cadivi. Los primeros 4 meses mi mamá me ayudó, al igual que mi prima por mucho tiempo. Después que se acabaron los recursos, mi mamá me dijo que si no conseguía cómo mantenerme, iba a tener que regresar..."
Ante tal posibilidad, "me puse las pilas y empecé a trabajar, cosa que jamás había realizado. ¡Tenía tanto miedo de hacerlo! Desde entonces, he aprendido que el miedo es relativo, porque es el impulso que hace que salgamos de la zona de confort".
Luego de verle la cara al miedo y enfrentarlo, Ana Daniela se insertó al mercado laboral mientras cursaba en la universidad sus estudios de Comercio Internacional.
Fue azafata, trabajó en una lavandería, cuidó niños; hasta que su mamá le dio la idea de dar clases de natación, deporte que ha practicado desde niña.
"Me gustan los niños y la natación; así es que uní esas dos fortalezas y hasta el sol de hoy, es lo mejor que me ha pasado. Comencé dando clases particulares y no me podía dar el lujo de pagar transporte para no gastar lo que ganaba. Caminaba y caminaba para llegar de un sector a otro y atender a mis alumnos".
Una de sus clientas vio el potencial de Ana Daniela y decidió recomendarla a Aquatics Swim School y desde hace 4 años y medio, Ana Daniela trabaja en la escuela.
Comenzó desde cero y actualmente es la encargada del programa Baby and Me en el cual, se involucran a los padres en las clases para bebés de 4 meses hasta los 3 años.
Reconoce que lograr el puesto no le fue fácil. Llegó a Aquatics con 18 años de edad y poca experiencia, pero vieron en ella un gran potencial.
"Agradezco a mis jefas el darme la oportunidad de ser parte de su familia, ellas todo el tiempo buscan la manera de cómo ayudar a superarnos, seguir aprendiendo y creciendo como personas y profesionales." La mejor cama del mundo
Cuando Ana Daniela llegó a Panamá, solo tenía dos maletas con sus objetos personales y muchas ilusiones. Allá la recibió su prima y la pareja de ésta y un colchón inflable.
Luego, durante un buen tiempo le tocó dormir en la sala, en un sofá cama que su prima compró para darle mayor comodidad. Poco a poco la situación comenzó a cambiar.
"Nos mudamos y ellos decidieron darme privacidad, me hicieron un cuarto pequeño y como yo en ese entonces ya ganaba lo suficiente para pagar la universidad y otros gastos, pude ahorrar para comprarme una cama. ¡Dios, era la mejor cama de mundo!
Si algo reconoce Ana Daniela es que emigrar impulsó su proceso de maduración personal porque esta etapa supone crecer, independizarse y vivir al límite.
"Tuve que aprender a valerme por mi misma, solucionar problemas. Me costó desapegarme de mi comodidad en Venezuela donde lo tenía todo. He aprendido a valorar más las cosas y dar gracias por todo lo que nos rodea".
Afirma que gracias a Dios, nunca ha sentido rechazo por ser venezolana. Por el contrario, agradece a Panamá haberla ayudado a crecer como persona y como profesional. "No ha sido nada fácil estar aquí, pero gracias a Dios todo ha salido bien y el que actúa bien siempre le irá bien".
En la cima del mundo
Consciente de que todos tenemos etapas por superar, recuerda que muchas personas pensaban que malgastaba el dinero en cosas que no necesitaba, "pero yo tenía claro mi propósito, graduarme".
Una vez superada la época universitaria, su cabeza se llenó de acertijos sobre lo que sería su futuro, ¿qué haría con su vida? y fue allí cuando decidió cumplir uno de sus sueños.
"Desde que tengo uso de razón siempre quise ir a Europa, pero mi mamá no tenía el poder adquisitivo para mandarme. Me lo propuse tanto, que lo logré por mi propia cuenta y eso me enorgullece de tal manera, porque todo fue con el sudor de mi frente".
Un mes después de su viaje, celebró con otro gran evento personal y profesional…su ceremonia de graduación. "Fue espectacular, me sentía en la cima del mundo".
Sin pensarlo dos veces
Estar en Panamá le ha dado la oportunidad a Ana Daniela de tener una vida de calidad, pero nada es completo; el no tener a su familia cerca es lo que le produce mayor nostalgia.
"Gracias a Dios, hace 2 años pude traerme a mi hermano, pero igual tengo a mi mamá en Venezuela luchando día tras día para que nosotros algún día regresemos". Precisamente sobre un posible regreso, Ana Daniela responde con un "sin pensarlo dos veces" cuando le pregunto si estaría dispuesta a volver a Venezuela, si la situación mejora.
Y es que como ella afirma, extraña todo de su tierra. Si pudiera ir unas horas allá, no duda en que correría a comerse una cachapa con queso de mano, una malta bien fría, luego una chicha y un golfeado. Está clara que el mejor regalo para Venezuela "es que todos sus hijos regresen y podamos ayudar a resurgir a nuestra tierra amada".



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