La lucha por salvar a su padre desde el exilio
- Karelia Alcalá Reyes
- Mar 4, 2018
- 3 min read

Empacar la vida en una maleta es imposible y Orianna Camargo, a sus escasos 21 años de edad lo sabe. Ella, al igual que muchos jóvenes venezolanos, en los veintitantos kilos de equipaje que aceptan las aerolíneas, apenas pudo meter como exceso sus miedos, sueños e ilusiones.
Orianna es una valiente joven venezolana, nacida en Puerto La Cruz, que hace unas semanas dejo oír su voz en el Festival de Naciones de Barry University 2018, para contar su historia junto a otros tantos jóvenes que forman parte de la diáspora venezolana.
Su niñez y adolescencia transcurrieron entre su familia, amigos y su recordado colegio Ntra. Sra. de Lourdes II, en Puerto La Cruz, de donde egresó como bachiller en el 2013, con la mira puesta en un segundo idioma y la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad Santa María en Caracas. “Mis planes de joven recién graduada era comerme el mundo y convertirme en una gran profesional venezolana”.
Un curso de inglés de un año en los Estados Unidos, fue la antesala para enfrentar el reto universitario propuesto; pero al finalizar ese año de inglés, la realidad que se vivía en Venezuela era completamente distinta a la que ella conocía. “La Venezuela que había dejado un año atrás ya no era la misma. Mi papá ya veía lo que venía y como la cosa se complicaba, él me dijo que lo sano era estudiar y hacer una carrera fuera.”
Fue así como Orianna siguió el consejo de su padre y luchó duro hasta conseguir las becas que requería para mantenerse en los Estados Unidos, donde en este momento cursa el último año de dos carreras: Negocios Internacionales y Administración de Empresas.
Emigró sola, sin tener a dónde llegar ni familiares que la esperaran para atenderla.
“Nunca antes hice deportes y ahora soy estudiante atleta al ser parte del equipo de remo de la universidad y también trabajo como asistente de residencia, facilitando el ajuste social, académico y personal de los estudiantes en los edificios residenciales de la universidad.”
Esta fue la manera que Orianna consiguió para mantenerse en los Estados Unidos, trabajando duro y estudiando mucho para sobresalir y destacarse.
Sobre sus hombros reposa un proyecto de familia y una meta personal propuesta: ser la primera de una generación de dos familias, que logra estudiar en una universidad en el extranjero.
Sin embargo, los retos para ella no acaban allí. Hace unos meses su padre; a quien describe como su mejor amigo y mayor soporte, fue diagnosticado con cáncer de hígado. Uno de los más fulminantes.
El tratamiento que le fue prescrito durante los primeros tres, meses nunca funcionó y el tumor siguió creciendo. De emergencia se le prescribió un nuevo tratamiento de quimio, pero debido a la crisis humanitaria que se vive en Venezuela, los medicamentos no se encuentran en el país.
Esta dura realidad que se traduce en un profundo miedo de perder a su padre, hizo que Orianna se ocupara en un nuevo reto: hallar el dinero para comprar los medicamentos de su padre y fue así como abrió una página gofundme para conseguir dólares y poder comprar las medicinas en Cúcuta Colombia.
“Mi papá ha sido mi amigo, mi guía, mi principal apoyo, mi luz y mi soporte. Entendí que él, quien ha sacrificado su propio mundo por mí, pierde la fuerza y es el momento de luchar por él”
Este fue el mensaje de Orianna en el Festival de Naciones de Barry University 2018 y hoy el llamado es a quienes desean y puedan solidarizarse con su proyecto, visitar su página https://www.gofundme.com/douglass-fund-to-fight-cancer y ayudarla a conseguir el tratamiento, que le permita a su padre verla alcanzar sus dos títulos universitarios.
“Nunca pensé que pasaría por esto” dice mientras con un expresivo ¡Guao! Comienza a pensar en lo que extraña de Venezuela y finalmente lo resume en la palabra TODO.
“Extraño el día a día con mis padres. Extraño a mis amigos. Extraño los abrazos cálidos. Extraño las playas de Puerto La Cruz. Extraño la vista del Paseo Colón y extraño los desayunos en familia de los sábados y domingos”. Por eso, si Orianna pudiera ir por unas horas a Venezuela, correría a abrazar a sus padres.
Sobre su regreso en el futuro, ella prefiere dejarlo en manos de Dios. Solo él sabe si en su destino está escrito que ella regrese a esa Venezuela que le sabe a cachapas, tequeños, a pescado frito con tostones y a las cocadas de Puerto La Cruz. En ese regreso, lo que si sabe, es que le llevaría de regalo a su tierra mucha esperanza, sueños y fe.



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