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La oportunidad para reimpulsar un proyecto de vida

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Jun 3, 2018
  • 4 min read

Andrés no sabe si él persigue al mar o el mar lo persigue a él; pero cuando mira el Malecón de Miraflores en Lima, no puede menos que recordar el azul infinito que conoció de niño en Margarita y el que llenaba sus ojos en Puerto La Cruz, con tan solo asomarse a la ventana de su apartamento. Es el Mar Caribe que le manda recuerdos; es esa franja azul llena de estrellas que él extraña.

Nacido en la tierra de la Virgen del Valle, Andrés echó raíces en Puerto La Cruz y allí comenzó su proyecto de vida, el cual dio un giro abrupto cuando visualizó que no había posibilidades de crecer profesionalmente en su país y la estabilidad que había soñado junto a su esposa para sus hijos, ya no era posible.

La violencia, la injusticia y la delincuencia que arropan como un manto nefasto al país tricolor, se llevó a un familiar de su esposa y hasta a él le robaron en una ocasión la batería de su carro, mientras realizaba un curso técnico. Sin contar los tantos momentos de dolor que vio en la vida de conocidos y amigos.

En Venezuela trabajaba para la petrolera nacional como Coordinador de Proyectos de Ingeniería y Construcción en la filial gas; sin embargo, la realidad de menoscabo que se vive dentro de la mayor empresa del estado venezolano, sumado a que Venezuela fue convertida socialmente en una olla de presión, lo obligó a pensar en una salida antes del estallido. Inicialmente se fue solo a la vecina Colombia y estando allí se presentó una vacante en su área y no dudó en concursar. El resultado fue de aprobación y la condición; instalarse en Perú, donde hoy trabaja para una empresa contratista como Jefe de Ingeniería en el sector de Gas Natural, en la cual se esfuerza por dejar clara demostración de la calidad de los profesionales venezolanos.

Esto, como el mismo Andrés lo describe, "fue una oportunidad única (1/100mil) que una empresa extranjera se interese en ti, tu capacidad y experiencia, depositando su confianza para que formes parte de ellos, sus proyectos y planes, eso es muy gratificante, saber que como profesional venezolano te ven y valoran con otros ojos fuera de nuestras fronteras. Somos miles o millones con esas características."

El contar con un trabajo estable le dio el piso que necesitaba para planificar su más ansiado sueño: la reunificación familiar y ello lo consiguió el segundo semestre del 2017 para su alegría y tranquilidad.

Aunque no tuvo problemas de adaptación y halló solidaridad desde su arribo a Perú, todo ha sido emocionalmente menos duro desde que su familia llegó.

Al estar juntos la carga se hace menos pesada y el proyecto de vida arranca una vez más con una visión diferente, pero con los valores de siempre: felicidad, trabajo, responsabilidad, honestidad y compromiso.

Aún cuando ya se dejó cautivar por el ceviche peruano; el sabor de un pargo frito tostadito en su Isla de Margarita, un cachito de jamón y unos buenos tequeños, todavía le alborotan el paladar.

Emigrar para Andrés ha sido un gran reto, un reto muy fuerte lleno de sacrificios porque nadie quiere dejar sus familiares, amigos y comodidades; pero la situación país obliga a hacerlo. En medio de las dificultades propias del migrante, aparecen también las oportunidades y Andrés está listo para asumirlas; como lo ha hecho al participar en una asociación de profesionales venezolanos; donde ha descubierto su capacidad de liderazgo y a la cual ha llevado además de sus conocimientos y valores personales; el lema que como rotario lo identifica: “dar de sí, sin pensar en sí”. Hoy cuando piensa en Venezuela, la visualiza cambiada social, emocional, cultural y políticamente. "Una Venezuela con grandes oportunidades para todos, con inversionistas extranjeros explotando los recursos como es debido y con políticos conscientes y enamorados de ella, haciendo el bien moral y social." Ese día, Andrés la visitaría y "le llevaría de regalo su convicción de hacer lo correcto moral y éticamente que es lo que le falta a la gente, porque los 20 años de regresión y atraso acabaron con la conciencia ciudadana, sus valores y la educación". Regresar a Venezuela no está en sus planes y la razón es fácil de explicar: "Por más que haya un cambio en Venezuela, se hizo un daño mental, cultural y social a la gente. Eso costará varios años revertirlo y hay muchos a quienes le gusta la 'papayita o golilla' a pesar de estar en contra del gobierno."

Ese daño, al que se refiere Andrés, está íntimamente ligado al deterioro de la educación que fue una razón más para salir de Venezuela; pues la educación que hoy se brinda en el país, no es la que él y su esposa desean para sus hijos. Pese a esta decisión de permanecer fuera de Venezuela; el amor por ella permanece intacto y la nostalgia por lo dejado atrás está latente; solo que a veces juega a la escondida y cuando menos se lo espera, aparece en forma de recuerdos de los fines de semana en familia; con los amigos de toda la vida, los paseos a la playa y los ratos al lado de sus abuelos a quienes lleva en el corazón y cuya tumba sería lo primero en visitar, si tan solo tuviera la oportunidad de ir unas horas a su tierra.

 
 
 

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