"Me duele Venezuela"
- Karelia Alcalá Reyes
- Mar 21, 2018
- 3 min read
Updated: Apr 30, 2018
¿Qué espera para salir de Venezuela? le preguntó su primo desde Palmira a Maritza cuando al ver llegar a los padres de ella a Colombia, pudo percibir en la delgadez de sus cuerpos y la tristeza en sus rostros, la difícil situación que estaban atravesando en la tierra donde hacía más de 40 años, habían emigrado buscando un mejor porvenir. "Mi padre llegó a pesar 46 kilos. Ya no nos alimentábamos como antes y hubo ocasiones en las que tuve que decirle a mi hijo que tomara agua, para que sintiera algo en el estomago, eso fue muy doloroso".
Maritza nació en Palmira, Valle del Cauca, en el suroccidente colombiano y llegó a Venezuela el 15 de octubre de 1976 con apenas 2 años y medio de edad. Eran otros tiempos. Su padre había emigrado a Venezuela donde consiguió un trabajo estable y pidió a la Embajada de ese país en Cali, poder llevarse a su familia hasta el pujante país vecino.
Todo iba bien, la familia creció y vivieron una buena etapa en Venezuela hasta que apareció la revolución propuesta por Chávez Frías y con ella llegó el atraso, más corrupción, desempleo, desabastecimiento y la destrucción del aparato productivo nacional. "Cuando llegaba la quincena no había qué comprar y cuando llegaban los productos, ya no había dinero. Los días se pasaban haciendo colas y el gobierno no te garantizaba ni te garantiza aún la paz social."
En Venezuela, Maritza tuvo la oportunidad de ingresar a la Universidad de Oriente núcleo Anzoátegui. Allí estudió Medicina y para el momento de su regreso a Colombia, trabajaba en Venezuela como Paramédico. También formó parte de la Mesa Técnica de la Liga Profesional de Baloncesto. Aceptar que tenía que dejar el país le tomó tiempo, porque como aún lo dice: "me duele Venezuela".
Luego de aquella interrogante de su primo hecha en febrero de 2017, decidió finamente dejar el país el 31 de agosto de ese mismo año. Salió junto a su hijo Alfonso desde Puerto La Cruz rumbo a Cúcuta "tomados de la mano de Dios". Ese día salieron 3 buses. Dos de estos fueron interceptados por piratas de carretera, pero afortunadamente donde iba ella con su hijo, tuvo un viaje tranquilo.
"Nos enteramos de los robos porque en una de las paradas llegó uno de los buses con la gente descalza, les robaron el dinero, sus pertenencias, maletas y allí nos manifestamos con desayuno para las personas que no tenían. Sacamos de nuestras maletas algunos zapaticos, franelas, cholas y les ayudamos. Gracias a Dios en ninguna de las alcabalas en Venezuela me pidieron documentos ni nos revisaron las maletas; todo fluyó según la voluntad de Dios y al llegar a San Antonio pasamos a pie, el puente Simón Bolívar".
Es este momento el que para Maritza hoy día, es uno de los más tristes de su vida y al narrarlo, no puede contener las lágrimas. Al llegar al puente, la película de su vida le pasó por la mente, su corazón parecía a punto de estallar frente a tantos sentimientos encontrados. "Tristeza porque dejaba atrás muchas vivencias; pero alegría al ver a pocos metros la bandera de Colombia y la palabra bienvenidos". Fue así como para acelerar lo inevitable, decidió apurar el paso y sin mirar atrás, cruzó el puente para llegar a Cúcuta y una vez más, comenzar una nueva vida.
Hoy día, Maritza es Enfermera de dos abuelitos en Palmira. Aunque es colombiana de nacimiento, para efectos legales no le son reconocidos sus estudios y solo puede devengar sueldo mínimo. Mientras tanto, su hijo Alfonso inició su bachillerato. Para ella, emigrar ha significado salir de su zona de confort; un cambio de 360 grados, pero su fe en Dios la acompaña en todo momento y agradece al Espíritu Santo la fortaleza que le da para seguir adelante.
Para Maritza, Venezuela sigue estando en su memoria. Los 41 años vividos en ésta y un hijo nacido allí, se la recuerdan a diario. Ya las lágrimas por la nostalgia son cada vez menos, pero Venezuela todavía le sabe a manjar, a delicia. Se refugia en los buenos recuerdos atesorados, donde no faltan los atardeceres frente al Paseo Colón, "no el de la Cruz y el Mar, sino el Paseo Colón" de la Venezuela siete estrellas. Ha puesto en manos de Dios la decisión de su regreso y si ese día llega, lo primero que haría al estar en Venezuela sería visitar a toda la gente que dejó en su segunda tierra y por quienes ora cada día de su vida.




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