Me gustaría ser parte de una Venezuela próspera
- Karelia Alcalá Reyes
- Jan 5, 2020
- 5 min read
Updated: Jan 6, 2020

El día que Rafael Salazar hizo Uber por primera vez, estaba muy nervioso.
Recién llegado y con cuenta prestada, no sentía seguridad si antes no escuchaba las indicaciones de un amigo sobre los tips que le ayudarían a salir airoso en su arranque laboral en la tierra que le había recibido… Argentina.
Debió salir a trabajar a las 7 de la mañana, pero la clase y su debido repaso, le hicieron salir a las 9.
Todo iba bien hasta que su teléfono, un poco desactualizado tecnológicamente hablando, decidió tomarse un descanso luego del tercer viaje y se apagó, dejando a Rafael con los nervios de punta pues no conocía la ciudad.
Sin las piedritas en el camino, a lo Hansel y Gretel, lo que le quedó fue acudir a su memoria para salir del atolladero.
"Estaba perdido en Lanús y no sabía cómo salir de allí. Me fui a una estación de gasolina para cargar el teléfono, pero no agarró carga. Entonces empecé a recordar por donde había pasado hasta que vi los anuncios que señalaban hacia Buenos Aires y fue allí cuando finalmente pude respirar tranquilo".
Así arrancó su nueva vida laboral este Ingeniero venezolano, quien un buen día salió de su tierra con más expectativas que deseos.
Nada era suficiente
Rafael es de Maturín, estado Monagas y uno de los tantos ingenieros venezolanos regados por el mundo. En su caso, su área de especialización es Sistemas y durante siete años, realizó un trabajo impecable en la máxima empresa petrolera venezolana, PDVSA.
Aún cuando tenía trabajo como profesional, el factor económico fue determinante a la hora de tomar la decisión de emigrar. "No veía futuro en mi carrera, estaba en una especie de estancamiento en la empresa donde trabajaba",
Junto a su esposa, también profesional universitaria, intentó abrir opciones, pero "por más que le quisimos hacer frente al tema económico con un emprendimiento de producción y comercialización de frutas deshidratadas, no era suficiente."
A esta situación, se sumaba el factor inseguridad que ya le había atacado de cerca. En lo personal vivió robos, incluido el stress de su madre y hermano al ser prácticamente secuestrados en su propia casa durante un asalto.
"Vi familiares y amigos heridos a causa de la delincuencia, hasta que hubo un evento en el que se vio amenazada la seguridad de mi esposa y mi hija y allí sentí mucho miedo por el futuro de ellas y fue ésta, una de las gotas que puso el vaso a punto de derramarse."
Argentina, el destino
Antes de emigrar, Rafael y su esposa Zoily, comenzaron a analizar cuáles eran los países que les atraían desde el punto de vista cultural, económico y de acceso a la legalidad para trabajar y vivir tranquilamente.
"Argentina nos ofrecía un camino relativamente sencillo para obtener la documentación y en mi caso, la gastronomía de este país me llamaba mucho la atención", comenta entre risas.
Sin el dinero suficiente para salir de Venezuela, fueron unos amigos quienes le dieron el empujón final, ayudándole con un préstamo para el pasaje.
Rafael se fue solo y este fue el primer trago amargo de la emigración que debió beber. Dejar a su esposa y a su pequeña hija Alba Sofía, no fue nada fácil para él.
"Fue muy duro pasar el primer cumpleaños solo. Mi esposa e hija me mandaron un video cantándome el Cumpleaños Feliz y eso me quebró".
Esto le impulsó aún más a trabajar duro para cumplir el sueño de reencontrarse con su esposa e hija, lo cual logró ocho meses después de su llegada. "Recibirlas, poder abrazarlas otra vez, fue muy bonito".
Descubriendo nuevos talentos
Durante su etapa como inmigrante, Rafael afirma que ha descubierto que tiene facilidad para adaptarse y ubicarse. Su experiencia en Uber le hizo ver que tiene un buen sentido de ubicación y orientación.
Otro talento que ha descubierto en él, es el don de tratar a las personas. "Si bien en el pasado tuve alguna experiencia con ventas, creo que ese don de establecer relaciones personales se me da bien. Aquí no tengo la barrera del idioma pero si de la cultura, por eso leo para aprender y tener temas de conversación e interactuar con la gente de aquí."
Una experiencia interesante
Para nadie es un secreto el impacto de los ingenieros venezolanos en Argentina.
Lo que en Venezuela ha significado una caída importante, ante la pérdida de mano de obra calificada, para otros países como Argentina, supone un gran beneficio, sobre todo en el área petrolera. Basta tomar las declaraciones de la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina para validar esta afirmación.
"Entre los 120 mil inmigrantes venezolanos que llegaron al país en los últimos cuatro años, hay casi 14 mil ingenieros. Más del 10% están especializados en petróleo, aunque han llegado todas las variantes de la profesión."
En 2017, más de 7 mil ingenieros llegaron a ese país y de inmediato en la Casa Rosada, el Gobierno se apresuró a realizar acuerdos para absorber a esa mano de obra calificada que, además, estaba dispuesta a ubicarse en la provincia.
Entre estos ingenieros está Rafael Salazar, quien fue absorbido por el mercado laboral de Argentina y hoy posee un cargo asociado a su carrera.
"Estoy en una empresa norteamericana, donde ejerzo en el área en la que me he especializado que es la automatización industrial y ha sido una experiencia interesante, porque me ha permitido aprender más, incluso conocer otros países por cuestiones de trabajo como Uruguay, Bolivia, Chile y otras partes de Argentina."
Rafael afirma tener una mejor vida en Argentina. Dice que no ha sufrido rechazo por ser venezolano y se siente bien junto a su familia en el país que les recibió.
"Estoy más tranquilo, puedo cubrir nuestros gastos y darnos algún gusto, aunque se han dado cambios en la economía Argentina que nos limitan el ahorro para poder ayudar un poco más a la gente que está en Venezuela".
Disfruta mucho de la amabilidad y el respeto recibido de parte de los locales con quienes ha compartido y algo muy especial; ha logrado satisfacer a placer su debilidad por el asado argentino, aunque aun trabaja en aquello de adaptarse a desayunar a base de pasteles dulces porque lo de él es una arepa con queso, jamón, mantequilla…pero está muy bien dispuesto a adaptarse y tomar estas costumbres como parte de su nueva vida.
Quiero una Venezuela próspera
¡Uff, extraño un montón de cosas Venezuela!. Así de simple fue su respuesta ante cuáles son las cosas y personas que le alborotan la nostalgia.
"Extraño mi familia, la comida, los lugares, los amigos. Alba siempre dice que extraña a sus amigas y a su abuela".
¿Regresarías a Venezuela?
-Yo creo que si, aunque hay mucho que cambiar en Venezuela; pero sin duda nos gustaría ser parte de eso en un futuro.
La primera imagen que viene a la memoria de Rafael Salazar en sus momentos de evocación, es la casa de sus padres y ellos disfrutando junto a él una reunión familiar donde nunca faltaba la música. Por lo que siempre les recuerda, cantando.
"Venezuela me sabe a carne asada, cachapa, cochino frito, guasacaca, aguacate y me suena a joropo, a gaitas y a Billo's en el mes de diciembre".
Si tuviera la fortuna de ir a Venezuela, no duda en decir que al llegar, lo primero que haría sería visitar a sus familiares para "abrazarlos y echarles los cuentos y luego visitar a los amigos".
Emigrar, en su opinión, ha significado sacrificio, tenacidad, persistencia porque no es fácil apartarse de la familia buscando un futuro mejor, pero que a la vez es incierto.
"Yo me vine sin trabajo, me vine a empezar a buscar, a sacar documentación para poder ejercer la carrera y aunque conté con amigos a quienes siempre les estaré agradecido, estaba lejos de mi familia directa, de mi esposa e hija y eso es duro".
Hoy, los días duros han pasado. Están juntos, trabajando y construyendo un porvenir. La abuela finalmente está en Argentina visitando a la nieta que tanto la extrañaba y Albita le cuenta cómo ahora pronuncia su nuevo español para que la entiendan en el colegio " - Vení, vení. ¿Me prestás el color 'amarisho'?



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