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Persistir y nunca desistir

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Dec 1, 2019
  • 5 min read

"El 20 de mayo de 2018 cuando se realizaron las elecciones presidenciales, el resultado me puso mal. Obviamente ese 67,8% con el que supuestamente ganó Maduro, me bloqueó. Lloré toda la noche. En la mañana me levanté y me fui a Playa El Yaque; nadé como tres horas y lloré hasta que mis lágrimas se unieron con el mar y dije no hay vuelta atrás".

Quien así lo cuenta es Edigre Carreño, una caraqueña adoptada oficialmente como hija por la ciudad de Porlamar, quien hoy vive en Santiago de Chile y se autodefine Margariteña.

Emigró sola; pero en Chile se reencontró con su hijo a quien tenía cuatro años sin ver. Por esas jugadas del omnipresente, su hijo quien vivía en Argentina, decidió mudarse a Chile justo en el momento en que a su madre le hicieron una oferta para trabajar en Santiago.

"No lo pensé dos veces. Era volver a ver a mi hijo y de una mañana a la otra agarré mi maleta de 23 kilos, cerré la puerta de mi casa y dejé todo atrás".


Emigrados superan a los electores

Seis millones 190 mil 612 es un número que se quedó grabado en el recuerdo de Edigre. Esa fue la cantidad, que oficialmente señaló el Consejo Nacional Electoral, como la que dio el triunfo a Nicolás Maduro.

Hoy, Edigre Carreño está segura que la cantidad de venezolanos en el exterior, supera con creces la cantidad de "supuestos" electores del 2018.

Ella, quien se autodenomina una de las guerreras que marchó en cada convocatoria de la oposición mientras estuvo en Venezuela, no termina de tragarse el cuento hasta ahora "irreversible", pero que tiene sus días contados porque no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

Y justamente porque está convencida de que el día de la libertad de Venezuela llegará, es que lo primero en meter en la maleta cuando se dispuso a emigrar fue la bandera siete estrellas que la acompañó en cada marcha y que hoy decora el respaldo de su cama en Santiago.

"En mi maleta puse mucha esperanza y mi bandera siete estrellas porque cuando caiga Nicolás Maduro yo voy a salir con ella a festejar y con mi gorra tricolor que también traje".


Una caribeña polifacética

Edigre llegó a Chile hace año y medio y salvo un episodio desagradable en un supermercado donde una chilena la mandó a regresar a Venezuela en medio de groserías, ella considera que profesionalmente la han valorado y respetado. De la señora que se encargue Dios, acota para reforzar su posición de no pararle a quienes obran de esa forma.

Si una palabra cuadra con la personalidad de Edigre es polifacética.

En Venezuela trabajó como Abogado y Consultora en Marketing. Como es locutora, también se desempeñó como conductora de su propio programa en la 94.9 FM del circuito Unión Radio; así como en Reina 96,7 y Melodía 89,9 FM. Todo esto sin contar que es modelo, ganó en su momento el concurso de belleza Señora Nueva Esparta y actualmente estudia actuación en la academia Chilven.

Hoy, a Edigre le llaman caribeña y ella reconoce que en el tiempo que lleva en Chile, le ha ido muy bien en la parte laboral. "Estoy trabajando en lo que me gusta. Soy Consultora de Marketing con especialización en Marketing Digital y tengo un diplomado de la Universidad de Margarita en Community Manager".

Afortunadamente para ella, ha logrado a través de la empresa donde trabaja, desempeñarse en varios proyectos que le están permitiendo dejar la huella en positivo, que ella aspira marcar.

"Me ha costado adaptarme, pero he encontrado chilenos muy amables y respetuosos que valoran mi trabajo y han puesto proyectos importantes en mis manos y yo estoy trabajando para dejar huella y cuando no esté, los chilenos puedan decir por aquí caminó Edigre Carreño".


Prudencia al emigrar

Edigre no tenía la emigración como un plan de vida. Ella confiaba en la solución de la situación socio política de Venezuela y trabajar para su recuperación económica. Sin embargo, una vez embarcada en esta nave, lo que ella reconoce como valor es la prudencia.

"Se que mucha gente quiere emigrar pero este proceso no es fácil. Es muy fuerte".

Al inmigrante, según Edigre, lo que más le duele es dejar a su familia y a sus seres queridos. En su caso, perderse la etapa infantil de sus sobrinos a quienes está viendo crecer por las redes sociales, la hace llenarse de una nostalgia que solo consigue drenar llorando de vez en cuando.

Sin embargo, emigrar también tiene su lado positivo y en el suyo, este proceso la ha hecho una mujer más flexible incluso con ella misma y le ha enseñado a adaptarse a situaciones que nunca imaginó.

Hoy, su lema es persistir y no desistir. "En la parte emocional me lleno de fortaleza. Emigrar significa que dejas parte de ti en tu país. Es cierto que acá te das buenos gustos, pero pagas un precio muy alto a costa de vivir con el corazón partido".

Dice ver con mucha preocupación que jóvenes a punto de graduarse, dejan la universidad y se aventuran a emigrar. "Sé que la situación en Venezuela está muy ruda, pero mi consejo muy personal es que sean prudentes y terminen su carrera con el sacrificio que pueda significar. Emigrar con un título es mucho cuento y el tiempo les va a dar la respuesta".


Total y absolutamente SI

Edigre vivía en Venezuela a 5 kilómetros de la playa y ahora la más cerca le queda a unas dos horas. Este fue uno de los grandes cambios en su rutina.

"Cuando estaba cargada laboral o emocionalmente, prendía mi carro, me iba a la playa y nadaba. Tomaba el sol un día a la semana y eso me hace falta".

Es por eso que al preguntarle si estaría dispuesta a volver si la situación cambia en Venezuela; responde con un "total y absolutamente si".

Edigre tiene imágenes fijas que van y vienen a su mente. La que más la visita es esa donde se ve comiendo unas arepas hechas por su mamá.

También la asaltan con frecuencia el recuerdo del olor a café recién colado en las tardes o aquel amigo que cuando iba al taller mecánico le decía quieres la cola? "Eso no pasa en Chile. Aquí te puedes morir en una parada de autobús", afirma.

En medio de esas imágenes, le llegan acordes de Billo's en Navidad frente a la respectiva cena con hallaca, ensalada de gallina y pan de jamón; pero también se saborea a su país recordando que para ella, Venezuela sabe a arepa con pescado salado, cazón, tripa de perla o pata de cabra.

"Venezuela me sabe a sancocho de pescado, a pescado frito en Chamaco, Bella Vista o en Playa Parguito. Venezuela me sabe a gente buena, a gente dedicada, talentosa, gente humilde, trabajadora y de corazón".


 
 
 

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