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Perú me ha dado madurez

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • Nov 24, 2019
  • 4 min read

- ¡Yo me tengo que ir, no me puedo quedar acá!


Esto se dijo Luis Armando Torres cuando después de haber convencido a sus amigos para irse a Perú, les dijo, a última hora, que lo había pensado mejor y que se quedaría porque le habían ofrecido un trabajo.

"Yo había entusiasmado a mis amigos y justo el día antes del viaje les dije que no. Mis amigos me reclamaron que cómo era posible que después de haberles convencido ahora me iba a quedar. Me fui a la casa a dormir y al día siguiente me dije: -No, yo aquí no me puedo quedar".

Lo cierto es que Luis no aceptó el trabajo y haciendo honor a su palabra, arregló maleta y salió al terminal de pasajeros a tomar el autobús hacia Valencia para iniciar el viaje por tierra desde Maturín, estado Monagas, hasta la capital peruana; el cual tardó seis días o 144 horas, sin contar las paradas.

Una vez sentado en el autobús, reconoce que un frío le recorrió el cuerpo. No lo podía creer. Estaba en shock.

"Me decía ¿cómo la vida da vueltas tan rápido? En un momento estás en tu casa y en el otro, embarcado en un nuevo comienzo sin saber qué te espera".

Lo único que tenía claro, era que iba a dar lo mejor de sí ante cualquier oportunidad que apareciera.

La escogencia de Perú como país destino para emigrar, le vino por la información de un amigo que ya estaba en ese país y le suministró datos como precios de habitaciones, salario, comida y opciones de trabajo.

Si bien nunca vivió momentos dolorosos en Venezuela a causa de la violencia social, la situación en el país se hacía cada día más difícil.


Bailarín

Una vez en Lima, había que resolver para sostenerse económicamente. "Primero trabajé vendiendo chocolates en los autobuses, pero no me gustó y comencé a meter currículos por internet".

Luis aceptó en el primer restaurant del que lo llamaron, pero a los pocos meses decidió irse a Ayacucho, donde vendió tizana en la calle, trabajó para una compañía de telefonía móvil y aprendió a cortar cabello, hasta que una oferta le hizo descubrir un nuevo talento.

"Descubrí que podía ganar dinero como bailarín de streeper en discotecas. Hice shows y al principio me daba pena, pero luego me sentí más seguro".

Aunque el trabajo le gustó, el agrado no fue tanto como para quedarse y aun cuando el jefe del local estaba muy contento, por el aumento de las féminas en el negocio, Luis decidió dejar las pistas y barras de las discotecas para centrarse en lo que realmente le gusta…la cocina.


All you can eat

Siempre me ha gustado cocinar, soy bueno en la cocina afirma con seguridad.

Este deseo de buscar trabajo en lo que le gusta, le llevó de regreso a Lima. Hoy, es encargado de una empresa de fábrica de pizzas, cuyo sistema consiste en preparar las pizzas que requieras para tus fiestas y su manera de confeccionar la masa le ha ganado elogios entre los comensales.

"Nos encargamos de hacer la masa, armarlas y congelarlas y tenemos el sistema all you can eat. La gente contrata nuestro servicio para fiestas. Yo selecciono el personal, la logística, creo los grupos y comes toda la pizza que quieras durante el evento".


No les doy importancia

Aún cuando no ha recibido malos tratos por ser venezolano; a veces ha sentido menosprecio de algún nacional o suramericano (no venezolano), cuando por razones de trabajo, debe cerrar negocio con ellos y les dice que es de Venezuela.

"No les doy importancia. Yo estoy claro en quién soy y en el buen servicio y atención que damos como empresa".

Quizá lo que más le ha costado acostumbrarse en el nuevo país, es a la falta de modales de algunas personas donde vive, que le hacen sentirse incómodo.

"Muchos no te responden el buenos días, no dan gracias ni piden por favor y eso para mí es básico. Una persona que saluda, pide permiso, dice por favor, da las gracias, demuestra su educación".


Obvio que regreso

Como buen cocinero, para Luis Armando Venezuela tiene olores y sabores que vienen de la cocina.

Para él, su país sabe a pan de jamón, hallaca y ensalada de gallina; pero también Venezuela tiene rostro y ese es el de su madre y hermano quienes quedaron en casa.

Al preguntarle si estaría dispuesto a regresar a Venezuela si la situación mejora; afirma con un rotundo "obvio que regreso".

Mientras tanto y jugando un poco a imaginar qué haría si pudiera ir por unas horas de visita, dice que lo primero sería ir a su casa para abrazar a su madre y a su hermano. "Les llevaría de todo; ropa, comida, recuerdos y productos de limpieza porque eso le encanta a mi mamá", comenta entre risas.

Como a la mayoría de los inmigrantes, no todo ha sido fácil en este proceso de adaptación a una nueva cultura, costumbres e idiosincrasia, pero en opinión de Luis Armando, esta ha sido una etapa muy importante en su vida.


Madurez, experiencia y responsabilidad

"Perú me ha dado madurez. No soy igual, no pienso en lo mismo que pensaba hace dos años. He abierto los ojos, he visto lo que en verdad vale la pena, quiénes son las personas en quienes se puede confiar. He aprendido a valorarme. En pocas palabras, emigrar para mí ha significado madurez, experiencia y responsabilidad".

Y es que además de trabajo y una mejor calidad de vida, en Perú encontró el amor, después de haberse vacunado contra él por una experiencia decepcionante que lo había hecho olvidarse de una nueva oportunidad para creer y crecer en pareja.

"Conocí a Hernaly de una manera muy particular y me fui encariñando con ella, aunque trataba de evitarlo porque anteriormente, una mujer me había fallado. Sin embargo, Hernaly ha sido el mejor regalo que me ha dado Perú. Tenemos más de un año juntos y le propuse matrimonio".

He quemado muchas etapas de mi vida, continúa, y ahora estoy centrado en formar una familia, una casa, carro, un negocio propio, viajar, conocer y eso lo he adquirido gracias al exilio.


 
 
 

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