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Vivir en una montaña rusa de sentimientos

  • Writer:  Karelia Alcalá Reyes
    Karelia Alcalá Reyes
  • May 16, 2018
  • 3 min read

Mirando el London Eye, Vanessa Rojas El Yammouni y su esposo no pueden menos que comparar la vuelta de esta atracción, al giro de 360 grados que dieron el día cuando, agobiados por la inseguridad, la violencia, el desabastecimiento de alimentos, medicinas y las pocas oportunidades de crecimiento como profesionales en Venezuela, decidieron marcharse a Inglaterra.

Ella, nacida en Maturín, estado Monagas y radicada en Caracas los últimos ocho años previos a su emigración, apuntó junto a su esposo a un viaje que los llevó al viejo continente hacia un país monárquico, pluricultural y con la sexta economía del mundo.

"Fue un poco complicado, ya que no teníamos muchos recursos para salir y cada día aumentaba más el dólar; pero escogimos un país con una tasa de empleo elevada, arriesgándonos claro, porque es también uno de los países más costosos."

La meta estaba planteada y nada los podía detener en su empeño. Ya estaban cansados de no poder tener una vida de calidad y andar siempre con miedo a salir al trabajo, a montarse en el transporte público y portar un celular sin ser víctima de un atraco.

Cuando llegó la hora, con el corazón arrugado por la tristeza al despedirse de familiares y amigos, esta joven pareja se embarcó en la aventura de arrancar una vida bien lejos de su tierra.

Vanessa no olvidó llevarse las fotos más significativas de su álbum familiar, para sentir cerca a su gente y así comenzó esta nueva experiencia.

Emigrar, según ella lo define, ha sido como montarse en una montaña rusa de sentimientos, en los que unos días quieres llorar y otros días, agradeces por tener techo, comida, salud y trabajo.

Ella es Nutricionista egresada de la Universidad Central de Venezuela y Antropometrista con acreditación Isak nivel 1; pero aún ejerciendo su profesión en tres sitios diferentes en su país natal, no podía vivir con la comodidad mínima que un profesional aspira y merece.

Es esa vida de calidad, la que hoy está logrando saborear en un país de reyes, princesas y duques, donde ya no le es tan extraño tropezarse con algún venezolano. "Es tan cómico cuando atiendo clientes y en vez de hablarme en inglés me hablan en español y me preguntan de qué parte de Venezuela soy. Esto es más frecuente de lo que pensaba".

Regados por el mundo, son pocos los rincones donde hoy día no se escucha un "oye chamo" o un "tranquilo mi pana" porque los venezolanos ya pasaron a ser ciudadanos del mundo.

Vanessa disfruta esta realidad y en este reiniciar de su vida, se fue amoldando a la cultura inglesa y a las oportunidades que empezaron a aparecer.

Comenzó trabajando como mesonera en un restaurante; pero había que seguir buscando opciones y pasó a ser vendedora en una tienda de ropa y luego se convirtió en la responsable de recibir y acomodar el 'delivery' en la tienda.

Hoy, un poco más estable y acercándose más a su profesión, trabaja en Whole Foods, ofreciendo consejos de nutrición y suplementación a los clientes.

Lejos de ser discriminada o haber recibido algún trato xenófobo, lo que ha obtenido es la emoción de los ciudadanos ingleses que se alegran cuando dice que es venezolana.

Además de esto, la emigración le ha permitido descubrir nuevos talentos en ella que según sus palabras, la han sorprendido; como los son sus habilidades de barista y sus destrezas para trabajar en equipo.

Aún gestiona internamente su proceso de adaptación, porque no es fácil pasar de su soleada y siempre veraniega Venezuela, a un país con cuatro estaciones siendo el clima y las largas jornadas laborales con horarios distintos, lo que ha supuesto un reto para ella.

El otro gran reto es aceptar y adaptarse a no ver a sus seres queridos más allá del facetime o skype. "Extraño mis pacientes presenciales y a mi familia". De hecho, si tuviera la oportunidad de ir por un rato a Venezuela, volaría directo a Maturín ciudad que guarda el sabor más autóctono que tiene de su país en su memoria gustativa que es nada más y nada menos que a cachapa con queso; de esas que se compran suaves, dulzonas y rellenas con un queso de mano que llora suero calientico, por allá en la vía de la Cruz Peraza.

Vanessa está clara de que regresar, depende de cuánto tiempo se tarde en recomponerse el país. Si es para dentro de 20 años cuando las piezas del rompecabezas llamado Venezuela pueda armarse, ya ella seguramente habrá formado su familia y sería difícil retornar a empezar de cero; pero de lo que sí está segura es cuando todo esto pase, sería menos difícil visitar de vez en cuando a los suyos para disfrutar los sabores de su tierra.

 
 
 

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